¿Quién va a acompañarme a las Islas Canarias?
¿Quién va a terminar de pintar en las paredes de la recámara ese colibrí multicolor?
¿Quien va a cosechar las hortalizas sembradas en el jardín?
¿Quién va a ser la madre de mi hijo?
¿A quién dedicaré ese libro?
¿A quién evitaré despertar si me levanto temprano?
¿A quién visitaré en Florianápolis?
¿Quién será mi socia en la cadena de carritos vendedores de esquites?
¿Ya no pondré un puesto de antojitos mexicanos?
¿No volveré a hacer surcos y sembrar maíz?
¿Con quién voy a ir a París?
60 días sin ella
No hay fórmulas de aplicación universal para la separación de las almas que se aman, por eso se hace preciso un espacio de catártica expresión con la esperanza del reencuentro.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
La imagino escribiendo. Debe hacerlo. Ese trabajo suyo debe terminarlo antes de que concluya el año. Pero a ella no se le da mucho el escribir. No es que no pueda hacerlo, es que le cuesta trabajo empezar. Sobre todo le es difícil canalizar el "estrés". Así llama ella a esa sensación en el estómago y un poco más arriba de no decidirse. Por cada decisión que posterga hay varias libras de presión que se acumulan en su interior. En fin, si no está escribiendo debe estar comiendo muchos chocolates y escuchando mucha música. De vez en cuando se refugiará en las películas, pensará en ir a temazcales y compartir con sus amigos que se mueven en ese ámbito. Todo ello implica tomar algunas decisiones y así liberar el estrés. El resto que le quede lo sacará hablando dormida por las noches. Eso es muy divertido.
Yo también escribo y no sólo esto que publico aquí, sino aquello que tarde o temprano compartiremos, porque vamos a escribir juntos varias cosas, varios "productos". Hacemos buen equipo de trabajo. Eso no lo puede negar y a mi me encanta producir juntos.
Ojalá pronto se atreva a pronunciar nuevamente mi nombre.
Yo también escribo y no sólo esto que publico aquí, sino aquello que tarde o temprano compartiremos, porque vamos a escribir juntos varias cosas, varios "productos". Hacemos buen equipo de trabajo. Eso no lo puede negar y a mi me encanta producir juntos.
Ojalá pronto se atreva a pronunciar nuevamente mi nombre.
viernes, 10 de agosto de 2012
Esta canción nos dijo mucho; y lo que ha sido dicho permanece. No es posible arrojar las palabras y luego recogerlas y retirarse.http://www.youtube.com/watch?v=A7GtVkXm4Rk&feature=related
jueves, 9 de junio de 2011
Siembra y cosecha
Puesto, como estoy ahora, ante la paradógica necesidad de, a un mismo tiempo, enterrar la esperanza y levantar nuevos sueños, me pregunto: ¿Es esto posible?, ¿Cómo se hace?, ¿Qué resultaría?
Algunos buenos amigos y conocidos me han dicho que sí es posible y que sólo se necesita que yo quiera hacerlo, que tome la decisión. Pero sus respuestas se han constreñido a la presunta acción mecánica de enterrar y de edificar. Claro que ambas cosas son posibles, pero no me alcanzan a decir qué pasa cuando uno entierra la esperanza. ¿Se trata de un siembra o de un sepulcro? Yo creo que poner bajo tierra la esperanza no puede servir como un recurso efectivo para deshacerse de ella, pues su naturaleza productiva haría que al entrar en contacto con la tierra, sus humedades y nutrientes, termine por germinar y hasta florecer.
¿ Y qué clase de flores surgirían sino aquellas hechas del corazón de la esperanza enterrada? Y es que si mi esperanza está cifrada en todo lo que Ella representa en mi vida; si la pongo bajo tierra y me dedico a construir nuevos sueños, ellos tarde o temprano se toparán con potentes raíces nacidas de la siembra y terminaré por contemplar las flores que nazcan haciendo rebrotar mi esperanza.
Algunos buenos amigos y conocidos me han dicho que sí es posible y que sólo se necesita que yo quiera hacerlo, que tome la decisión. Pero sus respuestas se han constreñido a la presunta acción mecánica de enterrar y de edificar. Claro que ambas cosas son posibles, pero no me alcanzan a decir qué pasa cuando uno entierra la esperanza. ¿Se trata de un siembra o de un sepulcro? Yo creo que poner bajo tierra la esperanza no puede servir como un recurso efectivo para deshacerse de ella, pues su naturaleza productiva haría que al entrar en contacto con la tierra, sus humedades y nutrientes, termine por germinar y hasta florecer.
¿ Y qué clase de flores surgirían sino aquellas hechas del corazón de la esperanza enterrada? Y es que si mi esperanza está cifrada en todo lo que Ella representa en mi vida; si la pongo bajo tierra y me dedico a construir nuevos sueños, ellos tarde o temprano se toparán con potentes raíces nacidas de la siembra y terminaré por contemplar las flores que nazcan haciendo rebrotar mi esperanza.
sábado, 4 de junio de 2011
El purgatorio de raspados
No sé, pero los días calurosos me recuerdan aquel episodio tan divertido cuando Ella tuvo el inoportuno antojo de un raspado y con ello mandó al purgatorio a un anónimo huichol que hasta hoy debe estar condenado a desear por siempre uno que apague su intenso calor, pero que nunca se le concede.
Nos reímos tanto y parloteamos en igual medida que hasta hoy, cuando lo evoco y escribo estas líneas, vuelvo a mirar la mano extendida del compa huichol pidiendo un raspado sin que le hagan caso, al tiempo que se arranca la camioneta en la que viajaba y se lleva consigo su insatisfecho antojo. Lo recuerdo y se me llena la cara de una risa que sólo puede tener como espejo aquellos hoyuelos en las mejillas de Ella que me siguen encantando hoy y siempre.
¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde tus risas? ¿Dónde tu alegría? ¿De tanta diversión que se fizo?
jueves, 2 de junio de 2011
Empapado
Ya es noche, llueve profusamente e inevitablemente la lluvia evoca aquel día en que Ella y yo nos mojamos más.
Sí, lo recuerdo bien, fue en Valle de Bravo y terminamos tan empapados que apenas y pudimos conservar la calma.
Como todo con Ella, es sencillamente inolvidable. No hace falta recordar los detalles; baste decir que tanta agua en tan poco tiempo sólo puede compararse con la oleada de emociones que Ella me despierta hasta ahora.
Ha sido tanto lo que me ha dado que me mantiene empapado. No quiero secarme; no, ¿para qué?…
viernes, 27 de mayo de 2011
No es un capricho, es un sentimiento
Nadie que no llevara mi sangre había hecho por mí algo que me hiciera sentir lo que sentí cuando ella dijo que siempre estaría conmigo.
Fue tan profundo que ya no puede salir de mi.
Cuando me lo dijo mi alma estaba tan vacía, llena de agujeros por los que se me escapaban las ilusiones, pero luego se llenó de esa promesa. Ella me llenó el alma, así es.
Estará conmigo siempre aunque no quiera estar aquí.
No es un capricho, es un sentimiento.
Fue tan profundo que ya no puede salir de mi.
Cuando me lo dijo mi alma estaba tan vacía, llena de agujeros por los que se me escapaban las ilusiones, pero luego se llenó de esa promesa. Ella me llenó el alma, así es.
Estará conmigo siempre aunque no quiera estar aquí.
No es un capricho, es un sentimiento.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Sigue siendo
Lo que una vez fue, de alguna manera sigue siendo. Esa es una ley y resulta verdad: en serio, es literalmente imposible conseguir que ya no me sienta absorbido por sus ojos, que no me sienta iluminado por sus palabras, que no me sienta embelesado por sus caricias, que no me ahogue sin sus besos, que no me falte el aire sin su aliento. Eso y mucho más que Ella me brindó ha sido todas mis razones en los últimos dos años y ahora sencillamente no puede esfumarse, no puede desaparecer de la noche a la mañana, no. Todo ello sigue siendo...
martes, 24 de mayo de 2011
No me arrepiento
Hay cosas de las que me arrepiento en esta vida. Muchas. Sin embargo, nunca podré arrepentirme de mis días con Ella. No puedo. No hay manera. Nunca lo haré. Ella sigue siendo la luz en mi vida, el angel de mis duermevelas, el camino y el destino.
lunes, 23 de mayo de 2011
Mi corazón rebosante
Hay muy pocas cosas tan extrañables como aquellas que nos erizan la piel.
Se me erizaba la piel cuando con su mano Ella me alborotaba el cabello, cuando con sus incisivos dientes me mordía un hombro, cuando con sus inquietas manos me pellizcaba una pierna, cuando con sus largas piernas entornaba las mías, cuando con sus cristalinos ojos me incendiaba el alma...
Y pienso que la piel se me erizaba debido a que por alguna parte buscaba escapar la energía de mi corazón rebosante a punto de estallar.
jueves, 19 de mayo de 2011
"Soy una pausa", diría el poeta
por
Octavio Paz
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Días y más días
Una cierta sensibilidad, que no es habitual, se nos despierta cuando el corazón está ajado.
Es de este modo que los días se hacen sufribles e ironicamente, de pronto, poéticos. Es entonces que el sonreír de un niño cobra especial brillo, una melodía insulsa puede trocarse en himno y la mirada de un retrato en efigie del amor.
Días insoportablemente poéticos son estos que corren.
Hasta la esquina por la cual Ella andó una vez se vuelve plaza de esplendor,
sólo por el hálito que de su esencia ha quedado como soplo suave y apacible en el aire.
Anteriores magias reverberan y alimentan el ajado corazón.
Aguanta, pues...
Es de este modo que los días se hacen sufribles e ironicamente, de pronto, poéticos. Es entonces que el sonreír de un niño cobra especial brillo, una melodía insulsa puede trocarse en himno y la mirada de un retrato en efigie del amor.
Días insoportablemente poéticos son estos que corren.
Hasta la esquina por la cual Ella andó una vez se vuelve plaza de esplendor,
sólo por el hálito que de su esencia ha quedado como soplo suave y apacible en el aire.
Anteriores magias reverberan y alimentan el ajado corazón.
Aguanta, pues...
lunes, 16 de mayo de 2011
Demolición y recuerdos
Este fin de semana comenzaron a demoler el cubículo que era mi lugar de trabajo desde hace algunos años.
El edificio tendrá otro uso, de modo que ya no existirá más ese espacio en el que se gestaron tantos recuerdos que hoy se agolpan en mi mente.
¿Cómo olvidar aquellas mañanas cuando Ella llegaba de manera sigilosa, casi en puntas de pie, se asomaba sólo a medias a mi sombrío cubículo y lo iluminaba al soltar un hola casi a manera de susurro; lo hacía tan suavemente que parecía quedarse flotando en el aire.
Ella llegaba siempre con las manos atrás y las piernas entreveradas, se detenía en el umbral de la puerta y no pasaba sino hasta después de lanzar una mirada escrutadora que trataba de ubicar un lugar para Ella en ese espacio –sin saber que se estaba más bien abriendo un espacio dentro de mí.
Luego se quedaba únicamente algunos instantes, casi lo justo para tratar un asunto muy puntual; se iba casi corriendo, como si siempre tuviera prisa, alguien le esperara o no quisiera estar ahí. Sólo en contadas ocasiones llegó a permanecer un buen rato apostada en esa austera y rígida silla color naranja que era lo único que podía ofrecerle para que se sentara.
Recuerdo como si hubiera ocurrido hoy que una de sus visitas más fugaces fue cierto día de mi cumpleaños; preguntaba con una ingenuidad angelical si podía darme un regalo; no sólo fue eso, sino un abrazo y un beso tan fugaces como emotivos; luego, como siempre, Ella salió corriendo.
Eran sus últimos días en la escuela y ¿quién lo iba a decir? eran los albores de una historia que parecía poder extenderse indefinida y ampliamente.
¡Cuántos recuerdos!...
sábado, 14 de mayo de 2011
Un año de mi viaje celestial
Alguna vez le decía a Ella que “viajar es pararse al borde de un mundo y desde ahí ver más al siguiente”. Hoy quiero recordar el más extraordinario viaje que he tenido en mi vida y que ocurrió con Ella hace exactamente un año, la noche del viernes 14 de mayo de 2010.
Un viaje, una travesía hacia un oasis cuya genealogía terrenal no le resta méritos celestiales y que me hizo mirar un mundo tan bello y que yo juzgué tan posible que me resisto a sentir perdido.
Un viaje, una travesía hacia un oasis cuya genealogía terrenal no le resta méritos celestiales y que me hizo mirar un mundo tan bello y que yo juzgué tan posible que me resisto a sentir perdido.
Hoy lo recuerdo como si hubiera estado ocurriendo permanentemente desde entonces. Lo puedo describir así:
Parecía que era el alba y yo me adentraba en un trillo carmesí donde me troqué en una especie de espeleólogo labial que se afanaba en un periplo lingual.
Recuerdo que aún cuando podía yo haber sido capaz de esperar ahí hasta un nuevo crepúsculo, orondo salí para, acaso después de tomar un respiro, transportarme hacia una nívea llanura que era sólo el preludio de un par de gollerías nacaradas a las que ascendí infatigablemente. El sol en su cenit hubiera podido sorprenderme en esas cimas para recordarme que el día aún alcanza para tomar la bucólica ruta que me hiciera llegar al umbral del edén. Los efluvios de esta zona ecuatorial demoraron mi marcha y de mi parte hubiera podido quedarme largo rato a contemplar su irisado paisaje. Empero decidí tomar el impoluto sendero que me llevaría al sitio que es fontanal de todas las glorias. Sabía bien que ahí hay que llegar estoico, porque al encontrar el pórtico que oculta sus bellezas coruscantes cualquiera podría dudar en si continuar allende el horizonte, hasta alcanzar las columnas marmóreas que pueden extasiar a cualquiera, o quedarse ahí y sucumbir a la fruición que en ese sitio es arrobadora. Casi se me nubla el pensamiento al rememorar que, hechos nudo Ella y yo, terminamos esta travesía celestial que hoy recuerdo ocurrió hace un año y que nos puso a las orillas de un mundo que era tan distinto al que tenemos ahora a la vista. El mundo que pudimos atisbar estando ahí era realmente extraordinario y me resisto, hasta poner en juego mi razón, a sentirlo perdido e imposible.
Sí, yo lo ví y me cautivó; y sé que Ella también lo pudo contemplar...
Sí, yo lo ví y me cautivó; y sé que Ella también lo pudo contemplar...
lunes, 9 de mayo de 2011
Destellos en el horizonte
"Todos los dìas lo mismo..."
¿Y eso está mal?
No necesariamente.
Así es: una perenne rutina se hace precisa en toda vida, pues nos es necesario siempre comer, dormir, respirar, mirar, etc.
En un segundo nivel, todos armamos itinerarios que estructuran nuestra vida: lo que comemos, cuánto dormimos, dónde, etc.
Y luego viene la unicidad de las relaciones con las personas: a quién vemos, por qué, para qué, etc.
Nuevamente me pregunto ¿es un problema que esto se mantenga uniforme? ¿Es condenable decir "me he cansado de lo mismo"? No; pero hay que matizarlo, pues son esas pequeñas rutinas las que nos hacen posible asombrarnos con los destellos de luz que resaltan. En otras palabras, si no hubiera orden o estructura, sería imposible advertir los pequeños milagros cotidianos que nos maravillan.
¿O cómo podríamos ver al momento que sale el sol si no hubiera horizonte? El horizonte tiene que estar ahí permanentemente para que veamos cómo se mete el sol y asombrarnos con la espectacularidad de ese hecho.
El horizonte siempre sigue ahí. Si un día yo dijera "estoy cansado del horizonte y haré de cuenta que no existe, no lo quiero ver más", estaría tirando la valiosa oportunidad de apreciar un lindo atardecer.
Así es la vida. A veces decimos -sin pensarlo mucho- que estamos aburridos, cansados, hartos de algo; pero ignoramos que son las cosas permanentes, las ordinarias, las que hacen posible identificar eventos extraordinarias. Es así de simple.
viernes, 6 de mayo de 2011
Doble congoja
No tengo pretensión alguna de aparecer como el hombre más atribulado sobre el planeta, pero no puedo evitar que estos días se vuelvan tan pesados.
Al tiempo que el cielo se cubre con espesas nubes que amenazan lluvia, no puedo dejar de pensar que hace tres años, a esta misma hora, un día como hoy se precipitó una tremenda granizada que sólo era preludio de la terrible tormenta que se me venía encima: mi madre se marchó.
Lo recuerdo como si hubiera sido hace apenas un momento: ella parecía tan contenta después de que la operación había salido bien; ya no tenía dolor en la pierna, lo imposible parecía realizable... pero hubo un problema inesperado. Un coágulo (que quizá se formó durante el tiempo en que no tuvo adecuada circulación, o durante el prolongado tiempo en cama después de la primera operación; o quizá todo sumado... y el destino) se le fue a los pulmones provocándole una embolia de la que ya no pudo salir. Cerca de las 6 de la mañana del día jueves 8 empezó a tener dificultades para respirar y dió su último aliento a eso de las 6:10, justo en el momento en que yo llegaba al hospital corriendo. Alcancé a verla luchando por tomar aire en un par de ocasiones y decirle mamá por última ocasión. Luego, todo terminó...
El día anterior, después de unas horas en que tuvo una primera crisis respiratoria, estuve con ella durante horas en el hospital. El médico me había advertido que estaba en riesgo su vida, dada la presencia de ese coágulo en la arteria pulmonar; pero había que estar con ella poniendo cara de optimismo y esperanza. La verdad no sé que rostro tendría yo, pero ella tenía una mirada de ternura, de amor, de nostalgia, de añoranza, de certeza en que esa era la última ocasión en que estaríamos juntos viéndonos cara a cara... No dijimos nada, pero creo que no hacía falta. Me sonreía tras la mascarilla de oxígeno y yo le correspondía tratando de decirle con los ojos que todo iba a salir bien, que si descansaba mañana estaría mucho mejor. Procuraba no hablarle para que ella no se esforzara en responderme. Lo que había en sus ojos era una especie de certeza de que estaba concluyendo su presencia en esta vida y que se sentía orgullosa de lo que había hecho con ella. Al menos eso es lo que yo vi y sigo observando; porque ahora, cada que recuerdo esos momentos, y me viene de nueva cuenta su imagen, entiendo que esa es la expresión más tangible de eso tan etéreo que llamamos amor. Me parece que es la prueba más feaciente de que Dios existe y de que estuvo presente en mi vida a través de ella, aún cuando yo no lo hubiera visto sino hasta ese momento.
Desde entonces, salir a trabajar e ir a casa sabiendo que no habrá nadie para decirle "ya vine" y que ella me diga "qué bueno, ¿cómo te fue?" es algo muy duro. Nunca me imaginé cuánto.
Esta es la razón por la cual hoy siento una doble congoja: la nueva casa, en la que el estandarte de mi día color uva sigue izado en lo más alto, está muy sola...
Únicamente los retratos estan ahí para decirles -no sin una sensación de rayar en la locura- "ya vine" o "ya me voy y al rato regreso".
jueves, 5 de mayo de 2011
Repositorio de palabras
Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando Ella y yo comenzábamos a construir lo nuestro, íbamos a bordo del auto y ella me pidió que le contara una historia (es algo que solía hacer al principio: pedir). Quería que la narración fuera de algo fantástico, irreal, pero al mismo tiempo interesante. Se me ocurrió la historia del "Repositorio de palabras", es decir, la existencia de un lugar remoto a donde fuera a parar todo lo dicho en algún momento.
La idea era fascinante -según coincidimos los dos- pues se refería a la posibilidad de que todas las cosas que son dichas permanecen en ese caracter por siempre: dichas; no es posible cambiar su estatus y no andan flotando por ahí en el aire, sino que van todas a parar a un sólo sitio. Ahí estarían conviviendo cantidades inimaginables de eventos lingüísticos; y si existiera la posibilidad de que alguien administrara eso ¿qué podríamos pedirle? Exacto, como a un biblotecario al que le pedimos cierta obra ¿qué le pediríamos a este administrador del depósito de las cosas dichas? Esa era la "gran pregunta" Y creo que a Ella la historia que le conté le gustó y hasta se debe haber puesto a pensar qué cosas podría recuperar de ese repositorio de palabras.
La idea era fascinante -según coincidimos los dos- pues se refería a la posibilidad de que todas las cosas que son dichas permanecen en ese caracter por siempre: dichas; no es posible cambiar su estatus y no andan flotando por ahí en el aire, sino que van todas a parar a un sólo sitio. Ahí estarían conviviendo cantidades inimaginables de eventos lingüísticos; y si existiera la posibilidad de que alguien administrara eso ¿qué podríamos pedirle? Exacto, como a un biblotecario al que le pedimos cierta obra ¿qué le pediríamos a este administrador del depósito de las cosas dichas? Esa era la "gran pregunta" Y creo que a Ella la historia que le conté le gustó y hasta se debe haber puesto a pensar qué cosas podría recuperar de ese repositorio de palabras.
Ahora yo le añado otra interrogante ¿Y como para qué? Es decir, como para qué puede servir la recuperación de algo dicho hace mucho tiempo. Sólo se me ocurre una cosa: cuando los ojos cambian de dirección las palabras también son otras; si quieres saber lo que miraba una persona, escucha lo que dijo en su momento.
martes, 3 de mayo de 2011
Las palomas y yo
En las últimas semanas he tenido algunos problemas con las palomas. Sí, con esas que habían tomado por asalto la casa, llenando todo de suciedad y acatarrando con sus graznidos.
OK, a decir verdad ellas ya estaban ahí cuando yo llegué, así que de alguna manera la cuestión se resolvía en una especie de desafío: ellas o yo. Bueno, al menos así es como lo ví desde el principio. Me dí a la tarea, entonces, de ir reduciendo poco a poco los espacios para ellas, sin embargo cada que yo les cerraba uno ellas daban con otro en el que pudieran estar. Pero el fin de semana las ví realmente confundidas. Y ahora que lo pienso estábamos igual: las palomas porque no daban crédito a que ya no tenían su espacio; y yo porque Ella me había cerrado también todo resquicio.
El domingo, cuando obscurecía y yo iba a verla a Ella, observé a las palomas que se encontraban justo en la barda de enfrente; miraban incrédulas cómo se habían quedado sin ventanas para dormir. Ya era casi de noche y ellas no sabían a dónde ir, qué hacer o cómo resolver la cuestión. La resignación que mostraban era casi de un mártir. Cuando volví a casa con el rabo entre las patas como un perro terriblemente zamarreado, ellas ya no estaban; sabrá Dios a dónde se irían; algún albergue habrán encontrado; sólo algunas de ellas se dan sus vueltas a lo largo del día como para ver si las cosas siguen igual.
Paradógico ¿no? ¿Por qué el ser humano sigue ahí aún cuando los espacios se le han cerrado? ¿Por qué el empecinamiento? ¿Por qué no sólo volamos a otro lugar y nos adaptamos como esas palomas que yo corri? Yo creo que es la Esperanza, que además siempre tiene algo de soberbia y egoismo: deseamos algo y creemos que debe ocurrir, pero sólo porque nosotros lo queremos; nada más humano que esa actitud. De ello está hecha la esperanza y sin embargo se nos olvida que no somos el centro del universo, que las fuerzas que éste tiene poseen su propia dinámica, su propio ritmo, su lógica, la cual no necesariamente toma en cuenta a cada uno de nosotros y sus deseos. Pero ¿qué le vamos a hacer?, somos humanos y lo nuestro es la Esperanza. Pero yo la quisiera compartida, así le quitamos un poco lo egoísta al asunto y quién sabe... ¿no?
Yo aún la tengo.
lunes, 2 de mayo de 2011
No bastaron 60 días
Y nuevamente aquí estoy.
Parece que 60 días no bastaron.
Quizá 60 lunas no hayan sido suficientes.
Seguro estoy que 60 semanas, 60 meses o 60 años no bastarían nunca.
Con ella nunca nada será suficiente.
Todo es ella; ella es todo; y aún así no es suficiente.
Nunca bastará lo que diga o haga.
No estaré satisfecho con todo.
Ella lo merece; eso y más; por ello nunca nada será suficiente.
Nunca, nada.
Y aquí estaremos día tras día, semana a semana...
Mientras haya tiempo, mientras haya vida...
Parece que 60 días no bastaron.
Quizá 60 lunas no hayan sido suficientes.
Seguro estoy que 60 semanas, 60 meses o 60 años no bastarían nunca.
Con ella nunca nada será suficiente.
Todo es ella; ella es todo; y aún así no es suficiente.
Nunca bastará lo que diga o haga.
No estaré satisfecho con todo.
Ella lo merece; eso y más; por ello nunca nada será suficiente.
Nunca, nada.
Y aquí estaremos día tras día, semana a semana...
Mientras haya tiempo, mientras haya vida...
sábado, 9 de abril de 2011
Mi vida ha cambiado
Las palabras no me alcanzan para explicar lo que ahora tengo, lo que ahora siento, lo que espero, lo que me arroba. Esta última semana no he escrito apenas nada, porque estaba buscando la manera de expresar fielmente lo que experimenté desde el domingo.
No conseguí cuajar ninguna fórmula que traduzca mis sentir. Por ello me apoyaré en la manera como lo dice la canción de Fito:
"Tu amor cambio mi vida como un rayo para siempre, para lo que fue y será"
Este espacio ha servido para expresar algunos de mis temores, de mis dolores, de mis sufrimientos. Pero no se trataba en principio de hacer sólo eso. Yo buscaba la catársis en la espera del reencuentro y finalmente éste se ha dado el domingo.
Imaginé que ella estaría contenta con mi propuesta de reencauzar lo nuestro. Lo deseaba. Y parece que resulta cierto: para que las cosas ocurran primero hay que creerlas. Yo me empeñé en brindarle a Ella un motivo que le devolviera la creencia en que el amor entre nosotros es real y tiene futuro. No le veía esa humedad en los ojos desde hace tiempo, no le notaba ese color en el rostro desde hace un rato, no recuerdo desde cuándo no sentía sus brazos tan aferrados a mi.
Estoy tan orgulloso de quererla, de que me quiera, que me siento pequeño al lado del inmenso amor que ha renacido entre nosotros.
Ella me ha empujado a los límites y yo llegué hasta ahí, hasta el borde para, entre trastabilleos, levantar la mirada y edificar desde los linderos un puente que llegara hasta su orilla.
Hoy tenemos un espacio, un lugar donde ubicar nuestro estandarte, simbolizado en mi día color uva. Ella sabe bien de qué se trata.
Así es, Ella cambió mi vida como un rayo para siempre...
No conseguí cuajar ninguna fórmula que traduzca mis sentir. Por ello me apoyaré en la manera como lo dice la canción de Fito:
"Tu amor cambio mi vida como un rayo para siempre, para lo que fue y será"
Este espacio ha servido para expresar algunos de mis temores, de mis dolores, de mis sufrimientos. Pero no se trataba en principio de hacer sólo eso. Yo buscaba la catársis en la espera del reencuentro y finalmente éste se ha dado el domingo.
Imaginé que ella estaría contenta con mi propuesta de reencauzar lo nuestro. Lo deseaba. Y parece que resulta cierto: para que las cosas ocurran primero hay que creerlas. Yo me empeñé en brindarle a Ella un motivo que le devolviera la creencia en que el amor entre nosotros es real y tiene futuro. No le veía esa humedad en los ojos desde hace tiempo, no le notaba ese color en el rostro desde hace un rato, no recuerdo desde cuándo no sentía sus brazos tan aferrados a mi.
Estoy tan orgulloso de quererla, de que me quiera, que me siento pequeño al lado del inmenso amor que ha renacido entre nosotros.
Ella me ha empujado a los límites y yo llegué hasta ahí, hasta el borde para, entre trastabilleos, levantar la mirada y edificar desde los linderos un puente que llegara hasta su orilla.
Hoy tenemos un espacio, un lugar donde ubicar nuestro estandarte, simbolizado en mi día color uva. Ella sabe bien de qué se trata.
Así es, Ella cambió mi vida como un rayo para siempre...
miércoles, 30 de marzo de 2011
Ilumina mi vida
Cuando uno ve con claridad las cosas que están en derredor es porque le asiste la luz que se lo permite.
La luz es una energía; la luz puede hacernos mover, puede hacernos crecer y puede hacernos creer.
Esto lo comprobé el domingo, cuando al mirarla después de tantos días me deslumbre y lo único que pude decirle en ese instante fue “qué hermosa estás”. Ella me abrazó y regaló un amoroso beso en los labios; y entonces la luz penetró en mí y me renovó la fe en nuestro amor.
Más tarde, sentados los dos en la banca de un parque me dijo que me amaba y con ello volvió a hacer posible ese milagro: iluminarme la vida. Esa es la forma en que puedo definir lo que siento cuando ella me dice que está feliz conmigo y que me quiere: luz, luz en mi vida. ¿Qué más puedo pedir? Nada, sólo puedo dar: compartir un poco de esa magia.domingo, 27 de marzo de 2011
¿Qué hacer?
Los días no regresan, pero tampoco se van por segunda ocasión. Lo que ocurre hoy ya no podrá tener lugar nuevamente; sin embargo lo que se nos queda de cada uno de esos días nadie nos lo puede quitar.
Las oportunidades son así también: la que hoy tenemos no es seguro que esté mañana.
Ella es como Amélie, no se atreve a enfrentarse a la realidad; es algo que no quiere hacer y está bien. Ya lo dije en otra entrega: imaginar es lo que nos hace humanos. Si somos capaces de soñar, de construir nuestros mundos que son mejores que el real, ello nos sirve para ser también mejores nosotros.
Así como Amélie queire prolongar su fantasía y luego se ve en la encrucijada de tomar la oportunidad cuando puede hacerlo, Ella tendrá -eso espero- que decidirse tarde o temprano antes de que su corazón se petrifique.
Dios quiera esté yo ahí en su decisión, pues tengo aún tanto por darle...
Las oportunidades son así también: la que hoy tenemos no es seguro que esté mañana.
Ella es como Amélie, no se atreve a enfrentarse a la realidad; es algo que no quiere hacer y está bien. Ya lo dije en otra entrega: imaginar es lo que nos hace humanos. Si somos capaces de soñar, de construir nuestros mundos que son mejores que el real, ello nos sirve para ser también mejores nosotros.
Así como Amélie queire prolongar su fantasía y luego se ve en la encrucijada de tomar la oportunidad cuando puede hacerlo, Ella tendrá -eso espero- que decidirse tarde o temprano antes de que su corazón se petrifique.
Dios quiera esté yo ahí en su decisión, pues tengo aún tanto por darle...
viernes, 25 de marzo de 2011
Me está haciendo pagar
Trataré de decirlo con la mayor sencillez de que soy capaz: Ella llegó a mí cuando más necesitaba de sentirme querido. Llegó y me dijo que me quería, entonces yo lo creí y empecé a construir una imagen suya de la que me enamoré. Pero cometí un error: no le brindé cariño cuando ella me ofreció el suyo; sólo le hice una promesa de que con el tiempo podríamos ser novios.
Yo creo que en ese momento hice lo correcto para no engañarla ni defraudarla; pero ahora pienso que esa actitud de mi parte la decepcionó. Ella no esperaba esa respuesta y lo que hace cada vez que puede es recordarlo para repetirse a sí misma que no puede confiar en mí, pues no estuve ahí cuando ella quería que estuviera.
En buena medida pienso que hoy dice que ya no quiere verme para hacerme pagar lo que ella sintió cuando yo le dije “aguarda”. Yo sé que es así y aunque no quiera reconocerlo a eso se debe que diga que “no me tiene confianza”.
Dios sabe que la amo, mi familia y la suya saben que la amo, Ella sabe que la amo, yo sé que la amo. Entonces, no tengo duda alguna y eso me fortalece.
jueves, 24 de marzo de 2011
Ella bien lo vale
Lo recuerdo muy bien aunque no lo comprendo tanto: había trascurrido apenas un tercio del año anterior y Ella me reprochaba que yo “la dejara tan libre”. Era su manera de expresar que sentía como que yo no estaba tan presente en su vida. Me pedía que “la viviera un poco más”, que estuviera ahí, robándole momentos, acaparando su atención y su tiempo. A partir de entonces intenté hacerlo, estar presente siempre, cada día, a través de una llamada, de un correo, visitándola, llevándola, trayéndola, invitándola, compartiéndole, etc. Pero escasos nueve meses después ella me estaba pidiendo espacio. Ahora sus palabras eran: “necesito hacer cosas yo sola, quiero que dejemos de vernos un tiempo”.
¿Qué pensar al respecto? ¿Por qué ha de ser tan complicado el amor? ¿De verdad eso es necesario? ¿He hecho las cosas tan mal para obtener estos resultados? ¿Será que las cosas no son lo que parecen ni todo debe entenderse al pie de la letra? ¿Es cierto que para ver la rosa hay que mirar sus espinas? ¿Un camino fácil no conduce a ningún lugar agradable? No tengo tantas respuestas. Sólo tengo la certeza de que la amo, de que esos vaivenes no son más fuertes que yo ni quebrantarán mis sentimientos.
Estoy dispuesto a enfrentar lo que venga. Ella bien lo vale.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Ella es mi destino y yo el suyo
Veámoslo fríamente: ¿Cuáles eran las posibilidades de que ella y yo nos conociéramos? En realidad muy pocas, casi nulas; en una ciudad con medio millón de habitantes, sin que ella y yo frecuentáramos lugares en común por diversión o afición, sin que viviéramos en el mismo vecindario, separándonos 14 de años de edad, sin tener una profesión similar, sin que nuestras familias se hubieran conocido siquiera… Y nosotros nos conocimos en una institución a la que llegué por accidente, en la que nunca en mi vida imaginé estar.
¿Qué hizo, pues, que nos conociéramos? Debe ser una especie de sincronía del destino: la suma de muchísimos pequeños detalles, decisiones, circunstancias eventos, que de no haberse encadenado, no hubieran generado la coyuntura en la que coincidimos en tiempo y espacio ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera conocido a la persona que me presentó al amigo que algún día consiguió casarse con quien estuvo en la necesidad de que alguien impartiera un curso en la Facultad en donde ella fungía como funcionaria? ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera aceptado dar ese curso, porque hasta unos días antes de que me lo ofrecieran yo estaba trabajando en una Institución en la que no me quedaba tiempo para la docencia? ¿Por qué razón después de dar ese primer curso seguí ahí el tiempo suficiente hasta que ella llegó? ¿Cómo ocurrió todo? ¿Por qué?
Debe haber una forma de explicarlo, pero yo no la tengo. Sólo puedo atribuirlo al destino. Si alguien escribe esas historias a las que llamamos nuestro destino, pues seguro hizo que las cosas concurrieran hasta llegar al punto en el que ella y yo, sentados a la mesa de un restaurante, nos confesamos hace casi tres años que nos atraíamos, que nos interesaba cultivar una relación que desembocó en este desenfrenado amor que hoy siento por ella.
¿Es la vida una especie de capricho de alguien para que las cosas ocurran de un cierto modo? O, al contrario, ¿todo es una especie de casualidad en la que el azar nos hace presa de eventualidades que nosotros nos empeñamos en pensar como predispuestas?
Yo quiero creer que sí existe un plan para nosotros, que estamos predestinados a hacer una vida juntos, que yo esperé todos estos años para unir mi vida a Ella, no por voluntad, sino por destino.
Ella es mi destino y yo el suyo. Eso creo y eso quiero.
domingo, 20 de marzo de 2011
Sí hay quien escuche
¿Cuándo comencé a serlo? No lo sé. Pero sí puedo explicar la manera en que me he confirmado como un hombre de fe. Anoche, bueno más bien hacia la madrugada de este día, me desperté en medio de una ya muy frecuente inquietud en mi ser. Es como si de pronto ya no necesitara dormir aun cuando no me sobre el sueño. Es una sensación de no estar satisfecho por lo pernoctado, pero ya tampoco querer hundirme en la inconsciencia. Lo que he estado haciendo últimamente, cada vez que esto pasa, es ponerme a pensar en Ella, a escuchar un poco de música que evoque mis agravios y a dar vueltas y vueltas en la cama.
Pero hoy recordé una práctica que ha probado dar calma en otras ocasiones: rezar. Pronuncié las oraciones que conozco y que, a veces, a fuerza de repetirlas parecen mero formulismo ceremonioso venido desde la más influenciable niñez. Pero también hablé, pedí, supliqué. Estando ahí, solo en la casa, en mi cama, en medio de este cuarto que me recuerda quién soy y lo que tengo, no tuve reparo alguno en dirigirme a Dios. Entre parabienes dirigidos a mis seres queridos, le pedí que la iluminara a Ella y que a mí me mostrara que no estoy solo. Después de esto, a pesar de que era domingo y no debía levantarme temprano para repetir mis rutinas, ya no me dormí, abrí la computadora, me puse a navegar y a pensar en Ella, a buscar mecanismos que me proporcionen un salvavidas para mi aparente naufragio…
Sólo habían pasado unas cuantas horas de esto cuando mi teléfono sonó, inusualmente para ser un domingo por la mañana. Una operadora me dijo al otro lado de la bocina que me llamaban desde la Ciudad de México, que si aceptaba la llamada. Contrariado con esta eventualidad, le pregunté quién trataba de hablar conmigo y me dijo su nombre; sí, era Ella. Después de una semana sin señal ninguna, después de una tan fría como frustrante despedida de la semana anterior, estaba ahí, hablándome con una pureza emotiva que me estremeció por completo. Pude saber que estaba bien, que había estado pensando en mí desde hacía un rato y por eso se decidió a llamarme. También puede decirle que la amo, que me ilumina la vida sólo escucharla y, por si esto fuera poco, conseguí que me dijera que me ama…
Si esto no fue una acción divina, no tengo forma de explicarlo con suficiencia. Yo soy alguien que se gana la vida predicando procederes científicos y dirigiendo pesquisas en busca de verdades de toda índole, pero la que tenía enfrente de mi ahora es una verdad para la que no encuentro otra explicación que decir: sí hay quien escuche nuestras peticiones. Sí hay a quien pedir y hay razones para tener Fe. Yo hoy la tengo…
Gracias.
sábado, 19 de marzo de 2011
Necesito creer
Creer: tener por cierto algo que no está comprobado o demostrado.
Hoy creo en sus palabras, en todas y cada una de ellas. Me hace falta creer; necesito esperanza. No quiero una añoranza perenne; no lo necesito. Quiero creer que Dios la puso en mi camino y por eso debo amarla, porque Dios sabe más que yo y hay razones por las cuales Ella vino a mi. Esa es la verdad, quiero tener esa verdad, quiero creer en Ella. Si acaso hoy me toca derramar algunas lágrimas, deseo que ellas encuentren tierra fértil en su corazón y éste deje de ser árido, volviendo a florecer para mi.viernes, 18 de marzo de 2011
Esa es mi historia de nosotros
Quizá producto de nuestra forma de ver la realidad, pensamos las cosas en términos de historias: cuál es la historia de una ciudad, de un prócer, de un animal, de un logro, etc. Pareciera que eso de que haya una historia sobre algo le da el sentido. Entonces me pregunto ¿cuál es la historia entre Ella y yo? ¿Hay una historia? ¿Recuerdo la misma tal como ocurrió o la he armado tal como yo la viví?
Un poco eso se produce cuando nos damos la oportunidad de contar historias: le decimos a alguien “¿ya supiste lo que paso con…?” y eso nos conduce a “contar la historia de”, sólo que es eso un producto de nuestra forma de imaginar, de pensar, de estructurar nuestras imágenes mentales.
Mi imagen, mi historia de nosotros, de Ella y yo, la puedo resumir en esto: me dijo que me quería, me indujo a quererla, nos quisimos y ahora dice que no me quiere. Esa es la trama central; claro que cada uno de los elementos es amplio campo para sembrar imágenes bellas, pensamientos bucólicos, momentos placenteros, circunstancias deliciosas, sitios maravillosos, etc. Así es como armo mi historia con Ella; pero el hecho irrefutable es que el punto en el que ahora se encuentra es el de que ha dicho que no me quiere, al menos como llegó a quererme.
¿Qué pongo en esa historia? Yo no quiero poner un final, tampoco cosas tristes, infaustas o desagradables. No quiero, me resisto a ello. Y si construir la historia de algo es el último recurso que nos queda para apropiarnos de la vida del modo en que queremos vivirla, mi historia con ella sigue siendo la de la mujer a la que amo, y está llena de los detalles de cómo llegué a amarla, de cómo fui correspondido, de lo mucho que tuve, de lo que sigo obteniendo, de lo que sigo queriendo ofrecerle. Esa es la historia con la que me quedo y nadie me la puede quitar, ni Ella misma.
jueves, 17 de marzo de 2011
Desangelado
En otras condiciones, lo que he realizado el día de hoy sería motivo de gran ánimo. Sin embargo, es claro que las cosas dejan de tener sentido sin Ella. Aquello que venía “cocinando” a lo largo de los últimos días finalmente se está consumando y yo sigo desangelado. Y es que Ella es mi ángel.
Lo peor de todo es que ni siquiera me siento con los arrestos suficientes para llamarla y decirle lo que he conseguido. No después de cómo nos despedimos la última vez.
Parece el mío un eterno lamento, pero no quiero que sea así. Me jugaré mis últimas cartas dentro de dos semanas. Ella tiene que definirse, porque al menos yo no puedo vivir en este impasse, en esta medianía, en esta mediocridad. No. No puedo.
martes, 15 de marzo de 2011
Algo grande
Estoy “cocinando” algo grande. No tan grande como nuestro amor, pero es importante, o al menos espero que termine abonando para que Ella reconsidere la situación actual. No puedo dar más detalles, las siguientes cuarenta y ocho horas serán cruciales. Insha'Allah
sábado, 12 de marzo de 2011
Cumpleaños triste
Verdaderamente no quisiera escribir, porque estoy profundamente triste. Yo tenía serias esperanzas de que hoy Ella mostrara que de verdad me ama, pero no fue lo que esperaba…
Hoy fue mi cumpleaños y fue muy triste. Sin Ella nada es igual. No pude llorar durante el día, porque varias personas me felicitaron, regalaron cosas, me abrazaron, me besaron y mostraron que me tienen presente. Yo no podía llorar aunque tenía tantas ganas de hacerlo, pues Ella nunca se apareció para regalarme su presencia, siquiera por ser la fecha que era…
Llamó ya avanzada la tarde, me deseó feliz cumpleaños a sabiendas de que no puede ser, pues si no está conmigo nada se aproxima siquiera a la felicidad. Despreció mi invitación a compartir con mi familia una pequeña celebración por el onomástico.
No quisiera escribir porque estoy muy triste, o más bien no quisiera estar triste o tener que escribir sobre ello. No lo acepto como algo justo. No creo merecerlo, pero es lo que tengo: un cumpleaños solo, solo, solo, sin Ella, profundamente triste.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Pablo Neruda
viernes, 11 de marzo de 2011
Mi ventana abierta
Por si acaso fuera cierto que dejando la ventana abierta puede escaparse por ahí el tiempo sin verte, hoy dejé de par en par la de mi cuarto.
Ojalá se esparza muy pronto ese tiempo de tu ausencia, porque me avería los ojos, que se marchitan sin verte; menoscaba mis fuerzas, que sólo están dispuestas a abrazarte; hieren mis labios, que tienen sed de los tuyos; y estropean mis manos, que se inquietan sin acariciarte.
La armonía de mi mundo está anclada a ti. Te amo.
¿Ella me ama?
¿Me ama? Me lo ha dicho, sí; muchas veces. Sin embargo, en el amor es difícil llegar a la certeza absoluta, irrebatible y contundente. Uno lo que hace es imaginar que así ocurre, uniendo pequeños detalles, indicios, señales, pistas, elementos que nos ayudan a creer que alguien nos ama.
Ella me besa una y otra y otra vez, entonces yo deduzco que le gusto;
Ella me escribe diciendo cosas hermosas y anunciando un paraíso venidero, así que yo siento que piensa en un futuro conmigo;
Ella me abraza y la siento como parte de mi ser, de modo que sueño una vida juntos;
Ella me llama para preguntar cómo estoy y desearme fuerza y alegría, por lo cual fantaseo que se preocupa por mí;
Ella me cuida en mis horas aciagas y yo colijo que me quiere;
Ella me brinda su ser, permitiendo que lo recorra palmo a palmo, fundiendo nuestros cuerpos en una unión maravillosa, lo cual me lleva a sentir que nacimos el uno para el otro.
Como puede verse, yo sé que me ama, porque a falta de la prueba contundente que el amor nunca da, solemos permitirle a la fantasía completar el todo a partir de pequeñas partes.miércoles, 9 de marzo de 2011
El virus de su juventud
Ella es muy joven; como tal se encuentra aún “infectada” por el virus de la juventud: la propensión a los impulsos, a los deseos, pero también a la inconstancia en ellos.
Me declaró su amor un buen día asegurando: “Yo siempre hago las cosas porque las siento… Además siempre lo hago sin esperar algo a cambio.” Eso seguramente explica porqué al inicio de esta semana, después de tan aciagos días de árida distancia para conmigo, me escribió diciendo “Te Amo Mucho. Pase lo que pase, no dudes de esto. Sólo que necesito un poco de tu ayuda para sentirme plena. Te deseo una muy buena semana, mi amor.”
¡Hace tanto que no me llamaba así –mi amor- que me siento extraño, nuevo o quizá renovado. Quiero creer que en realidad me ama, que lo nuestro tiene futuro, que sí desea compartir la vida conmigo, que no me dejará.
No quiero pensar en que se trata de uno de esos arrebatos fugaces propios del mencionado “virus juvenil”. Yo la amo como nunca he amado a nadie, siento una profunda necesidad de ella, me pone realmente mal el no verla, ha conseguido abatir mi ánimo con este castigo que está ya a punto de cumplir su cuarta semana.
Ojalá termine pronto todo este entuerto. Insha'Allah
martes, 8 de marzo de 2011
Ella no ríe mucho
Ella no es alguien que ría profusamente. Existen personas que llevan a flor de labios la risa, ríen a la menor provocación y hasta sin ella. De entre ese tipo de personas, algunas hacen de la risa su principal herramienta de relación con los demás y está bien, sólo que de pronto es difícil distinguir las variaciones en su estado de ánimo. Hay otras personas que terminan por convertir a la risa en su principal enemigo, pues ríen de manera grotesca ante situaciones no risibles.
Ella, no ríe profusamente. Nada menos hoy miraba las fotos que tengo de ella y en casi ninguna sonríe. Cual Gioconda, esboza un gesto indefinible en casi todas ellas. Pero yo, que he tenido la oportunidad de verla reír, muchas veces sólo para mí, puedo decir que en ella la risa es potente luz que encandila, que seduce; es magia que encanta y contagia. Ella no ríe profusamente, ríe profundamente. Por eso la amo.
domingo, 6 de marzo de 2011
El día que amanecí con Ella
Es curioso: resultan extraordinarias las veces en que alguien se olvida de su nombre, pero es más raro todavía que una persona recuerde con precisión cuándo comenzó a sabérselo. Del mismo modo, yo nunca olvidaré la primera ocasión que amanecí con Ella, aunque no pueda señalar con precisión cuándo comencé a amarla.
Ambas cosas son así: de pronto uno ya tiene incrustadas en la mente esa seguidilla de sonidos que me identifican como José, Luis, o lo que sea, pero quién sabe cómo se metieron ahí y desde qué momento.
Así, ella se metió algún día hasta la médula de mis huesos y, de pronto, una mañana estaba yo ahí, cubriéndola con mis brazos, piel a piel, respirando apenas encima de sus tersos hombros, mis ojos miopes alcanzaban a ver con claridad esos adictivos tres lunares que tiene justo entre la nuca y el inicio de su espalda.
Estaba ahí, desperté y ya no era el mismo, se habían ido la inseguridad, la desesperanza, el temor, la incertidumbre. Aparecieron, en cambio, la sujeción, la vulnerabilidad, el arrobamiento. Ella no se iría jamás de mi ser. Lo supe y me preocupé, porque del mismo modo que si olvidara cómo me llamo, estaría perdido; si ella se fuera me quedaría en una profunda orfandad de la que no tengo certeza de si podría salir. Fui tan feliz ese amanecer que no lo olvidaré jamás y la amo tan profundamente que no sé desde cuándo, ni cómo, ni hasta dónde.
Así, ella se metió algún día hasta la médula de mis huesos y, de pronto, una mañana estaba yo ahí, cubriéndola con mis brazos, piel a piel, respirando apenas encima de sus tersos hombros, mis ojos miopes alcanzaban a ver con claridad esos adictivos tres lunares que tiene justo entre la nuca y el inicio de su espalda.
Estaba ahí, desperté y ya no era el mismo, se habían ido la inseguridad, la desesperanza, el temor, la incertidumbre. Aparecieron, en cambio, la sujeción, la vulnerabilidad, el arrobamiento. Ella no se iría jamás de mi ser. Lo supe y me preocupé, porque del mismo modo que si olvidara cómo me llamo, estaría perdido; si ella se fuera me quedaría en una profunda orfandad de la que no tengo certeza de si podría salir. Fui tan feliz ese amanecer que no lo olvidaré jamás y la amo tan profundamente que no sé desde cuándo, ni cómo, ni hasta dónde.
viernes, 4 de marzo de 2011
Mi gran tema con ella
Y el gran tema conmigo es que estando a su lado he llegado a ser una de las mejores versiones de mí mismo que recuerde.
Pero ahí está el problema: que hoy sólo ella me hace posible de ese modo; es decir, sin ella no me encuentro ni siquiera estando cerca de esa versión que incluso para mí resulta extraña.
No me conocía siendo como soy cuando la amo.
Yo nunca antes había sentido esa paz vigorosa, esa energía enternecedora, esa sensatez arrebatadora, ese ímpetu tranquilizante, ese candor atrevido.
Yo nunca antes había sido así, pero cuando lo logré ella se aleja y me deja sin posibilidad de acercarme a mí mismo.
¿Paradójico? Pues, no. Esa es la gran cuestión de estar enamorado, ponerse en manos de alguien más.
Sigo en tus manos.
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