lunes, 9 de mayo de 2011

Destellos en el horizonte

"Todos los dìas lo mismo..."
¿Y eso está mal?
No necesariamente.
Así es: una perenne rutina se hace precisa en toda vida, pues nos es necesario siempre comer, dormir, respirar, mirar, etc.
En un segundo nivel, todos armamos itinerarios que estructuran nuestra vida: lo que comemos, cuánto dormimos, dónde, etc.
Y luego viene la unicidad de las relaciones con las personas: a quién vemos, por qué, para qué, etc.
Nuevamente me pregunto ¿es un problema que esto se mantenga uniforme? ¿Es condenable decir "me he cansado de lo mismo"? No; pero hay que matizarlo, pues son esas pequeñas rutinas las que nos hacen posible asombrarnos con los destellos de luz que resaltan. En otras palabras, si no hubiera orden o estructura, sería imposible advertir los pequeños milagros cotidianos que nos maravillan.
¿O cómo podríamos ver al momento que sale el sol si no hubiera horizonte? El horizonte tiene que estar ahí permanentemente para que veamos cómo se mete el sol y asombrarnos con la espectacularidad de ese hecho.
El horizonte siempre sigue ahí. Si un día yo dijera "estoy cansado del horizonte y haré de cuenta que no existe, no lo quiero ver más", estaría tirando la valiosa oportunidad de apreciar un lindo atardecer.



Así es la vida. A veces decimos -sin pensarlo mucho- que estamos aburridos, cansados, hartos de algo; pero ignoramos que son las cosas permanentes, las ordinarias, las que hacen posible identificar eventos extraordinarias. Es así de simple.

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