martes, 3 de mayo de 2011

Las palomas y yo


En las últimas semanas he tenido algunos problemas con las palomas. Sí, con esas que habían tomado por asalto la casa, llenando todo de suciedad y acatarrando con sus graznidos.
OK, a decir verdad ellas ya estaban ahí cuando yo llegué, así que de alguna manera la cuestión se resolvía en una especie de desafío: ellas o yo. Bueno, al menos así es como lo ví desde el principio. Me dí a la tarea, entonces, de ir reduciendo poco a poco los espacios para ellas, sin embargo cada que yo les cerraba uno ellas daban con otro en el que pudieran estar. Pero el fin de semana las ví realmente confundidas. Y ahora que lo pienso estábamos igual: las palomas porque no daban crédito a que ya no tenían su espacio; y yo porque Ella me había cerrado también todo resquicio.
El domingo, cuando obscurecía y yo iba a verla a Ella,  observé a las palomas que se encontraban justo en la barda de enfrente; miraban incrédulas cómo se habían quedado sin ventanas para dormir. Ya era casi de noche y ellas no sabían a dónde ir, qué hacer o cómo resolver la cuestión. La resignación que mostraban era casi de un mártir. Cuando volví a casa con el rabo entre las patas como un perro terriblemente zamarreado, ellas ya no estaban; sabrá Dios a dónde se irían; algún albergue habrán encontrado; sólo algunas de ellas se dan sus vueltas a lo largo del día como para ver si las cosas siguen igual. 
Paradógico ¿no? ¿Por qué el ser humano sigue ahí aún cuando los espacios se le han cerrado? ¿Por qué el empecinamiento? ¿Por qué no sólo volamos a otro lugar y nos adaptamos como esas palomas que yo corri? Yo creo que es la Esperanza, que además siempre tiene algo de soberbia y egoismo: deseamos algo y creemos que debe ocurrir, pero sólo porque nosotros lo queremos; nada más humano que esa actitud. De ello está hecha la esperanza y sin embargo se nos olvida que no somos el centro del universo, que las fuerzas que éste tiene poseen su propia dinámica, su propio ritmo, su lógica, la cual no necesariamente toma en cuenta a cada uno de nosotros y sus deseos. Pero ¿qué le vamos a hacer?, somos humanos y lo nuestro es la Esperanza. Pero yo la quisiera compartida, así le quitamos un poco lo egoísta al asunto y quién sabe... ¿no?
Yo aún la tengo. 

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