jueves, 5 de mayo de 2011

Repositorio de palabras

Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando Ella y yo comenzábamos a construir lo nuestro, íbamos a bordo del auto y ella me pidió que le contara una historia (es algo que solía hacer al principio: pedir). Quería que la narración fuera de algo fantástico, irreal, pero al mismo tiempo interesante. Se me ocurrió la historia del "Repositorio de palabras", es decir, la existencia de un lugar remoto a donde fuera a parar todo lo dicho en algún momento.
La idea era fascinante -según coincidimos los dos- pues se refería a la posibilidad de que todas las cosas que son dichas permanecen en ese caracter por siempre: dichas; no es posible cambiar su estatus y no andan flotando por ahí en el aire, sino que van todas a parar a un sólo sitio. Ahí estarían conviviendo cantidades inimaginables de eventos lingüísticos; y si existiera la posibilidad de que alguien administrara eso ¿qué podríamos pedirle? Exacto, como a un biblotecario al que le pedimos cierta obra ¿qué le pediríamos a este administrador del depósito de las cosas dichas?  Esa era la "gran pregunta" Y creo que a Ella la historia que le conté le gustó y hasta se debe haber puesto a pensar qué cosas podría recuperar de ese repositorio de palabras.
Ahora yo le añado otra interrogante ¿Y como para qué? Es decir, como para qué puede servir la recuperación de algo dicho hace mucho tiempo. Sólo se me ocurre una cosa: cuando los ojos cambian de dirección las palabras también son otras; si quieres saber lo que miraba una persona, escucha lo que dijo en su momento.

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