lunes, 16 de mayo de 2011

Demolición y recuerdos

Este fin de semana comenzaron a demoler el cubículo que era mi lugar de trabajo desde hace algunos años.
El edificio tendrá otro uso, de modo que ya no existirá más ese espacio en el que se gestaron tantos recuerdos que hoy se agolpan en mi mente. 
¿Cómo olvidar aquellas mañanas cuando Ella llegaba de manera sigilosa, casi en puntas de pie, se asomaba sólo a medias a mi sombrío cubículo y lo iluminaba al soltar un hola casi a manera de susurro; lo hacía tan suavemente que parecía quedarse flotando en el aire.
Ella llegaba siempre con las manos atrás y las piernas entreveradas, se detenía en el umbral de la puerta y no pasaba sino hasta después de lanzar una mirada escrutadora que trataba de ubicar un lugar para Ella en ese espacio –sin saber que se estaba más bien abriendo un espacio dentro de mí.
Luego se quedaba únicamente algunos instantes, casi lo justo para tratar un asunto muy puntual; se iba casi corriendo, como si siempre tuviera prisa, alguien le esperara o no quisiera estar ahí. Sólo en contadas ocasiones llegó a permanecer un buen rato apostada en esa austera y rígida silla color naranja que era lo único que podía ofrecerle para que se sentara.
Recuerdo como si hubiera ocurrido hoy que una de sus visitas más fugaces fue cierto día de mi cumpleaños; preguntaba con una ingenuidad angelical si podía darme un regalo; no sólo fue eso, sino un abrazo y un beso tan fugaces como emotivos; luego, como siempre, Ella salió corriendo.
Eran sus últimos días en la escuela y ¿quién lo iba a decir? eran los albores de una historia que parecía poder extenderse indefinida y ampliamente.
¡Cuántos recuerdos!...

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