Lo recuerdo muy bien aunque no lo comprendo tanto: había trascurrido apenas un tercio del año anterior y Ella me reprochaba que yo “la dejara tan libre”. Era su manera de expresar que sentía como que yo no estaba tan presente en su vida. Me pedía que “la viviera un poco más”, que estuviera ahí, robándole momentos, acaparando su atención y su tiempo. A partir de entonces intenté hacerlo, estar presente siempre, cada día, a través de una llamada, de un correo, visitándola, llevándola, trayéndola, invitándola, compartiéndole, etc. Pero escasos nueve meses después ella me estaba pidiendo espacio. Ahora sus palabras eran: “necesito hacer cosas yo sola, quiero que dejemos de vernos un tiempo”.
¿Qué pensar al respecto? ¿Por qué ha de ser tan complicado el amor? ¿De verdad eso es necesario? ¿He hecho las cosas tan mal para obtener estos resultados? ¿Será que las cosas no son lo que parecen ni todo debe entenderse al pie de la letra? ¿Es cierto que para ver la rosa hay que mirar sus espinas? ¿Un camino fácil no conduce a ningún lugar agradable? No tengo tantas respuestas. Sólo tengo la certeza de que la amo, de que esos vaivenes no son más fuertes que yo ni quebrantarán mis sentimientos.
Estoy dispuesto a enfrentar lo que venga. Ella bien lo vale.
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