Cuando uno ve con claridad las cosas que están en derredor es porque le asiste la luz que se lo permite.
La luz es una energía; la luz puede hacernos mover, puede hacernos crecer y puede hacernos creer.
Esto lo comprobé el domingo, cuando al mirarla después de tantos días me deslumbre y lo único que pude decirle en ese instante fue “qué hermosa estás”. Ella me abrazó y regaló un amoroso beso en los labios; y entonces la luz penetró en mí y me renovó la fe en nuestro amor.
Más tarde, sentados los dos en la banca de un parque me dijo que me amaba y con ello volvió a hacer posible ese milagro: iluminarme la vida. Esa es la forma en que puedo definir lo que siento cuando ella me dice que está feliz conmigo y que me quiere: luz, luz en mi vida. ¿Qué más puedo pedir? Nada, sólo puedo dar: compartir un poco de esa magia.
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