Ella es muy joven; como tal se encuentra aún “infectada” por el virus de la juventud: la propensión a los impulsos, a los deseos, pero también a la inconstancia en ellos.
Me declaró su amor un buen día asegurando: “Yo siempre hago las cosas porque las siento… Además siempre lo hago sin esperar algo a cambio.” Eso seguramente explica porqué al inicio de esta semana, después de tan aciagos días de árida distancia para conmigo, me escribió diciendo “Te Amo Mucho. Pase lo que pase, no dudes de esto. Sólo que necesito un poco de tu ayuda para sentirme plena. Te deseo una muy buena semana, mi amor.”
¡Hace tanto que no me llamaba así –mi amor- que me siento extraño, nuevo o quizá renovado. Quiero creer que en realidad me ama, que lo nuestro tiene futuro, que sí desea compartir la vida conmigo, que no me dejará.
No quiero pensar en que se trata de uno de esos arrebatos fugaces propios del mencionado “virus juvenil”. Yo la amo como nunca he amado a nadie, siento una profunda necesidad de ella, me pone realmente mal el no verla, ha conseguido abatir mi ánimo con este castigo que está ya a punto de cumplir su cuarta semana.
Ojalá termine pronto todo este entuerto. Insha'Allah
No hay comentarios:
Publicar un comentario