sábado, 4 de junio de 2011

El purgatorio de raspados

No sé, pero los días calurosos me recuerdan aquel episodio tan divertido cuando Ella tuvo el inoportuno antojo de un raspado y con ello mandó al purgatorio a un anónimo huichol que hasta hoy debe estar condenado a desear por siempre uno que apague su intenso calor, pero que nunca se le concede.
Nos reímos tanto y parloteamos en igual medida que hasta hoy, cuando lo evoco y escribo estas líneas, vuelvo a mirar la mano extendida del compa huichol pidiendo un raspado sin que le hagan caso, al tiempo que se arranca la camioneta en la que viajaba y se lleva consigo su insatisfecho antojo. Lo recuerdo y se me llena la cara de una risa que sólo puede tener como espejo aquellos hoyuelos en las mejillas de Ella que me siguen encantando hoy y siempre.
¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde tus risas? ¿Dónde tu alegría? ¿De tanta diversión que se fizo?

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