¿Quién va a acompañarme a las Islas Canarias?
¿Quién va a terminar de pintar en las paredes de la recámara ese colibrí multicolor?
¿Quien va a cosechar las hortalizas sembradas en el jardín?
¿Quién va a ser la madre de mi hijo?
¿A quién dedicaré ese libro?
¿A quién evitaré despertar si me levanto temprano?
¿A quién visitaré en Florianápolis?
¿Quién será mi socia en la cadena de carritos vendedores de esquites?
¿Ya no pondré un puesto de antojitos mexicanos?
¿No volveré a hacer surcos y sembrar maíz?
¿Con quién voy a ir a París?
No hay fórmulas de aplicación universal para la separación de las almas que se aman, por eso se hace preciso un espacio de catártica expresión con la esperanza del reencuentro.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
La imagino escribiendo. Debe hacerlo. Ese trabajo suyo debe terminarlo antes de que concluya el año. Pero a ella no se le da mucho el escribir. No es que no pueda hacerlo, es que le cuesta trabajo empezar. Sobre todo le es difícil canalizar el "estrés". Así llama ella a esa sensación en el estómago y un poco más arriba de no decidirse. Por cada decisión que posterga hay varias libras de presión que se acumulan en su interior. En fin, si no está escribiendo debe estar comiendo muchos chocolates y escuchando mucha música. De vez en cuando se refugiará en las películas, pensará en ir a temazcales y compartir con sus amigos que se mueven en ese ámbito. Todo ello implica tomar algunas decisiones y así liberar el estrés. El resto que le quede lo sacará hablando dormida por las noches. Eso es muy divertido.
Yo también escribo y no sólo esto que publico aquí, sino aquello que tarde o temprano compartiremos, porque vamos a escribir juntos varias cosas, varios "productos". Hacemos buen equipo de trabajo. Eso no lo puede negar y a mi me encanta producir juntos.
Ojalá pronto se atreva a pronunciar nuevamente mi nombre.
Yo también escribo y no sólo esto que publico aquí, sino aquello que tarde o temprano compartiremos, porque vamos a escribir juntos varias cosas, varios "productos". Hacemos buen equipo de trabajo. Eso no lo puede negar y a mi me encanta producir juntos.
Ojalá pronto se atreva a pronunciar nuevamente mi nombre.
viernes, 10 de agosto de 2012
Esta canción nos dijo mucho; y lo que ha sido dicho permanece. No es posible arrojar las palabras y luego recogerlas y retirarse.http://www.youtube.com/watch?v=A7GtVkXm4Rk&feature=related
jueves, 9 de junio de 2011
Siembra y cosecha
Puesto, como estoy ahora, ante la paradógica necesidad de, a un mismo tiempo, enterrar la esperanza y levantar nuevos sueños, me pregunto: ¿Es esto posible?, ¿Cómo se hace?, ¿Qué resultaría?
Algunos buenos amigos y conocidos me han dicho que sí es posible y que sólo se necesita que yo quiera hacerlo, que tome la decisión. Pero sus respuestas se han constreñido a la presunta acción mecánica de enterrar y de edificar. Claro que ambas cosas son posibles, pero no me alcanzan a decir qué pasa cuando uno entierra la esperanza. ¿Se trata de un siembra o de un sepulcro? Yo creo que poner bajo tierra la esperanza no puede servir como un recurso efectivo para deshacerse de ella, pues su naturaleza productiva haría que al entrar en contacto con la tierra, sus humedades y nutrientes, termine por germinar y hasta florecer.
¿ Y qué clase de flores surgirían sino aquellas hechas del corazón de la esperanza enterrada? Y es que si mi esperanza está cifrada en todo lo que Ella representa en mi vida; si la pongo bajo tierra y me dedico a construir nuevos sueños, ellos tarde o temprano se toparán con potentes raíces nacidas de la siembra y terminaré por contemplar las flores que nazcan haciendo rebrotar mi esperanza.
Algunos buenos amigos y conocidos me han dicho que sí es posible y que sólo se necesita que yo quiera hacerlo, que tome la decisión. Pero sus respuestas se han constreñido a la presunta acción mecánica de enterrar y de edificar. Claro que ambas cosas son posibles, pero no me alcanzan a decir qué pasa cuando uno entierra la esperanza. ¿Se trata de un siembra o de un sepulcro? Yo creo que poner bajo tierra la esperanza no puede servir como un recurso efectivo para deshacerse de ella, pues su naturaleza productiva haría que al entrar en contacto con la tierra, sus humedades y nutrientes, termine por germinar y hasta florecer.
¿ Y qué clase de flores surgirían sino aquellas hechas del corazón de la esperanza enterrada? Y es que si mi esperanza está cifrada en todo lo que Ella representa en mi vida; si la pongo bajo tierra y me dedico a construir nuevos sueños, ellos tarde o temprano se toparán con potentes raíces nacidas de la siembra y terminaré por contemplar las flores que nazcan haciendo rebrotar mi esperanza.
sábado, 4 de junio de 2011
El purgatorio de raspados
No sé, pero los días calurosos me recuerdan aquel episodio tan divertido cuando Ella tuvo el inoportuno antojo de un raspado y con ello mandó al purgatorio a un anónimo huichol que hasta hoy debe estar condenado a desear por siempre uno que apague su intenso calor, pero que nunca se le concede.
Nos reímos tanto y parloteamos en igual medida que hasta hoy, cuando lo evoco y escribo estas líneas, vuelvo a mirar la mano extendida del compa huichol pidiendo un raspado sin que le hagan caso, al tiempo que se arranca la camioneta en la que viajaba y se lleva consigo su insatisfecho antojo. Lo recuerdo y se me llena la cara de una risa que sólo puede tener como espejo aquellos hoyuelos en las mejillas de Ella que me siguen encantando hoy y siempre.
¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde tus risas? ¿Dónde tu alegría? ¿De tanta diversión que se fizo?
jueves, 2 de junio de 2011
Empapado
Ya es noche, llueve profusamente e inevitablemente la lluvia evoca aquel día en que Ella y yo nos mojamos más.
Sí, lo recuerdo bien, fue en Valle de Bravo y terminamos tan empapados que apenas y pudimos conservar la calma.
Como todo con Ella, es sencillamente inolvidable. No hace falta recordar los detalles; baste decir que tanta agua en tan poco tiempo sólo puede compararse con la oleada de emociones que Ella me despierta hasta ahora.
Ha sido tanto lo que me ha dado que me mantiene empapado. No quiero secarme; no, ¿para qué?…
viernes, 27 de mayo de 2011
No es un capricho, es un sentimiento
Nadie que no llevara mi sangre había hecho por mí algo que me hiciera sentir lo que sentí cuando ella dijo que siempre estaría conmigo.
Fue tan profundo que ya no puede salir de mi.
Cuando me lo dijo mi alma estaba tan vacía, llena de agujeros por los que se me escapaban las ilusiones, pero luego se llenó de esa promesa. Ella me llenó el alma, así es.
Estará conmigo siempre aunque no quiera estar aquí.
No es un capricho, es un sentimiento.
Fue tan profundo que ya no puede salir de mi.
Cuando me lo dijo mi alma estaba tan vacía, llena de agujeros por los que se me escapaban las ilusiones, pero luego se llenó de esa promesa. Ella me llenó el alma, así es.
Estará conmigo siempre aunque no quiera estar aquí.
No es un capricho, es un sentimiento.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Sigue siendo
Lo que una vez fue, de alguna manera sigue siendo. Esa es una ley y resulta verdad: en serio, es literalmente imposible conseguir que ya no me sienta absorbido por sus ojos, que no me sienta iluminado por sus palabras, que no me sienta embelesado por sus caricias, que no me ahogue sin sus besos, que no me falte el aire sin su aliento. Eso y mucho más que Ella me brindó ha sido todas mis razones en los últimos dos años y ahora sencillamente no puede esfumarse, no puede desaparecer de la noche a la mañana, no. Todo ello sigue siendo...
martes, 24 de mayo de 2011
No me arrepiento
Hay cosas de las que me arrepiento en esta vida. Muchas. Sin embargo, nunca podré arrepentirme de mis días con Ella. No puedo. No hay manera. Nunca lo haré. Ella sigue siendo la luz en mi vida, el angel de mis duermevelas, el camino y el destino.
lunes, 23 de mayo de 2011
Mi corazón rebosante
Hay muy pocas cosas tan extrañables como aquellas que nos erizan la piel.
Se me erizaba la piel cuando con su mano Ella me alborotaba el cabello, cuando con sus incisivos dientes me mordía un hombro, cuando con sus inquietas manos me pellizcaba una pierna, cuando con sus largas piernas entornaba las mías, cuando con sus cristalinos ojos me incendiaba el alma...
Y pienso que la piel se me erizaba debido a que por alguna parte buscaba escapar la energía de mi corazón rebosante a punto de estallar.
jueves, 19 de mayo de 2011
"Soy una pausa", diría el poeta
por
Octavio Paz
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Días y más días
Una cierta sensibilidad, que no es habitual, se nos despierta cuando el corazón está ajado.
Es de este modo que los días se hacen sufribles e ironicamente, de pronto, poéticos. Es entonces que el sonreír de un niño cobra especial brillo, una melodía insulsa puede trocarse en himno y la mirada de un retrato en efigie del amor.
Días insoportablemente poéticos son estos que corren.
Hasta la esquina por la cual Ella andó una vez se vuelve plaza de esplendor,
sólo por el hálito que de su esencia ha quedado como soplo suave y apacible en el aire.
Anteriores magias reverberan y alimentan el ajado corazón.
Aguanta, pues...
Es de este modo que los días se hacen sufribles e ironicamente, de pronto, poéticos. Es entonces que el sonreír de un niño cobra especial brillo, una melodía insulsa puede trocarse en himno y la mirada de un retrato en efigie del amor.
Días insoportablemente poéticos son estos que corren.
Hasta la esquina por la cual Ella andó una vez se vuelve plaza de esplendor,
sólo por el hálito que de su esencia ha quedado como soplo suave y apacible en el aire.
Anteriores magias reverberan y alimentan el ajado corazón.
Aguanta, pues...
lunes, 16 de mayo de 2011
Demolición y recuerdos
Este fin de semana comenzaron a demoler el cubículo que era mi lugar de trabajo desde hace algunos años.
El edificio tendrá otro uso, de modo que ya no existirá más ese espacio en el que se gestaron tantos recuerdos que hoy se agolpan en mi mente.
¿Cómo olvidar aquellas mañanas cuando Ella llegaba de manera sigilosa, casi en puntas de pie, se asomaba sólo a medias a mi sombrío cubículo y lo iluminaba al soltar un hola casi a manera de susurro; lo hacía tan suavemente que parecía quedarse flotando en el aire.
Ella llegaba siempre con las manos atrás y las piernas entreveradas, se detenía en el umbral de la puerta y no pasaba sino hasta después de lanzar una mirada escrutadora que trataba de ubicar un lugar para Ella en ese espacio –sin saber que se estaba más bien abriendo un espacio dentro de mí.
Luego se quedaba únicamente algunos instantes, casi lo justo para tratar un asunto muy puntual; se iba casi corriendo, como si siempre tuviera prisa, alguien le esperara o no quisiera estar ahí. Sólo en contadas ocasiones llegó a permanecer un buen rato apostada en esa austera y rígida silla color naranja que era lo único que podía ofrecerle para que se sentara.
Recuerdo como si hubiera ocurrido hoy que una de sus visitas más fugaces fue cierto día de mi cumpleaños; preguntaba con una ingenuidad angelical si podía darme un regalo; no sólo fue eso, sino un abrazo y un beso tan fugaces como emotivos; luego, como siempre, Ella salió corriendo.
Eran sus últimos días en la escuela y ¿quién lo iba a decir? eran los albores de una historia que parecía poder extenderse indefinida y ampliamente.
¡Cuántos recuerdos!...
sábado, 14 de mayo de 2011
Un año de mi viaje celestial
Alguna vez le decía a Ella que “viajar es pararse al borde de un mundo y desde ahí ver más al siguiente”. Hoy quiero recordar el más extraordinario viaje que he tenido en mi vida y que ocurrió con Ella hace exactamente un año, la noche del viernes 14 de mayo de 2010.
Un viaje, una travesía hacia un oasis cuya genealogía terrenal no le resta méritos celestiales y que me hizo mirar un mundo tan bello y que yo juzgué tan posible que me resisto a sentir perdido.
Un viaje, una travesía hacia un oasis cuya genealogía terrenal no le resta méritos celestiales y que me hizo mirar un mundo tan bello y que yo juzgué tan posible que me resisto a sentir perdido.
Hoy lo recuerdo como si hubiera estado ocurriendo permanentemente desde entonces. Lo puedo describir así:
Parecía que era el alba y yo me adentraba en un trillo carmesí donde me troqué en una especie de espeleólogo labial que se afanaba en un periplo lingual.
Recuerdo que aún cuando podía yo haber sido capaz de esperar ahí hasta un nuevo crepúsculo, orondo salí para, acaso después de tomar un respiro, transportarme hacia una nívea llanura que era sólo el preludio de un par de gollerías nacaradas a las que ascendí infatigablemente. El sol en su cenit hubiera podido sorprenderme en esas cimas para recordarme que el día aún alcanza para tomar la bucólica ruta que me hiciera llegar al umbral del edén. Los efluvios de esta zona ecuatorial demoraron mi marcha y de mi parte hubiera podido quedarme largo rato a contemplar su irisado paisaje. Empero decidí tomar el impoluto sendero que me llevaría al sitio que es fontanal de todas las glorias. Sabía bien que ahí hay que llegar estoico, porque al encontrar el pórtico que oculta sus bellezas coruscantes cualquiera podría dudar en si continuar allende el horizonte, hasta alcanzar las columnas marmóreas que pueden extasiar a cualquiera, o quedarse ahí y sucumbir a la fruición que en ese sitio es arrobadora. Casi se me nubla el pensamiento al rememorar que, hechos nudo Ella y yo, terminamos esta travesía celestial que hoy recuerdo ocurrió hace un año y que nos puso a las orillas de un mundo que era tan distinto al que tenemos ahora a la vista. El mundo que pudimos atisbar estando ahí era realmente extraordinario y me resisto, hasta poner en juego mi razón, a sentirlo perdido e imposible.
Sí, yo lo ví y me cautivó; y sé que Ella también lo pudo contemplar...
Sí, yo lo ví y me cautivó; y sé que Ella también lo pudo contemplar...
lunes, 9 de mayo de 2011
Destellos en el horizonte
"Todos los dìas lo mismo..."
¿Y eso está mal?
No necesariamente.
Así es: una perenne rutina se hace precisa en toda vida, pues nos es necesario siempre comer, dormir, respirar, mirar, etc.
En un segundo nivel, todos armamos itinerarios que estructuran nuestra vida: lo que comemos, cuánto dormimos, dónde, etc.
Y luego viene la unicidad de las relaciones con las personas: a quién vemos, por qué, para qué, etc.
Nuevamente me pregunto ¿es un problema que esto se mantenga uniforme? ¿Es condenable decir "me he cansado de lo mismo"? No; pero hay que matizarlo, pues son esas pequeñas rutinas las que nos hacen posible asombrarnos con los destellos de luz que resaltan. En otras palabras, si no hubiera orden o estructura, sería imposible advertir los pequeños milagros cotidianos que nos maravillan.
¿O cómo podríamos ver al momento que sale el sol si no hubiera horizonte? El horizonte tiene que estar ahí permanentemente para que veamos cómo se mete el sol y asombrarnos con la espectacularidad de ese hecho.
El horizonte siempre sigue ahí. Si un día yo dijera "estoy cansado del horizonte y haré de cuenta que no existe, no lo quiero ver más", estaría tirando la valiosa oportunidad de apreciar un lindo atardecer.
Así es la vida. A veces decimos -sin pensarlo mucho- que estamos aburridos, cansados, hartos de algo; pero ignoramos que son las cosas permanentes, las ordinarias, las que hacen posible identificar eventos extraordinarias. Es así de simple.
viernes, 6 de mayo de 2011
Doble congoja
No tengo pretensión alguna de aparecer como el hombre más atribulado sobre el planeta, pero no puedo evitar que estos días se vuelvan tan pesados.
Al tiempo que el cielo se cubre con espesas nubes que amenazan lluvia, no puedo dejar de pensar que hace tres años, a esta misma hora, un día como hoy se precipitó una tremenda granizada que sólo era preludio de la terrible tormenta que se me venía encima: mi madre se marchó.
Lo recuerdo como si hubiera sido hace apenas un momento: ella parecía tan contenta después de que la operación había salido bien; ya no tenía dolor en la pierna, lo imposible parecía realizable... pero hubo un problema inesperado. Un coágulo (que quizá se formó durante el tiempo en que no tuvo adecuada circulación, o durante el prolongado tiempo en cama después de la primera operación; o quizá todo sumado... y el destino) se le fue a los pulmones provocándole una embolia de la que ya no pudo salir. Cerca de las 6 de la mañana del día jueves 8 empezó a tener dificultades para respirar y dió su último aliento a eso de las 6:10, justo en el momento en que yo llegaba al hospital corriendo. Alcancé a verla luchando por tomar aire en un par de ocasiones y decirle mamá por última ocasión. Luego, todo terminó...
El día anterior, después de unas horas en que tuvo una primera crisis respiratoria, estuve con ella durante horas en el hospital. El médico me había advertido que estaba en riesgo su vida, dada la presencia de ese coágulo en la arteria pulmonar; pero había que estar con ella poniendo cara de optimismo y esperanza. La verdad no sé que rostro tendría yo, pero ella tenía una mirada de ternura, de amor, de nostalgia, de añoranza, de certeza en que esa era la última ocasión en que estaríamos juntos viéndonos cara a cara... No dijimos nada, pero creo que no hacía falta. Me sonreía tras la mascarilla de oxígeno y yo le correspondía tratando de decirle con los ojos que todo iba a salir bien, que si descansaba mañana estaría mucho mejor. Procuraba no hablarle para que ella no se esforzara en responderme. Lo que había en sus ojos era una especie de certeza de que estaba concluyendo su presencia en esta vida y que se sentía orgullosa de lo que había hecho con ella. Al menos eso es lo que yo vi y sigo observando; porque ahora, cada que recuerdo esos momentos, y me viene de nueva cuenta su imagen, entiendo que esa es la expresión más tangible de eso tan etéreo que llamamos amor. Me parece que es la prueba más feaciente de que Dios existe y de que estuvo presente en mi vida a través de ella, aún cuando yo no lo hubiera visto sino hasta ese momento.
Desde entonces, salir a trabajar e ir a casa sabiendo que no habrá nadie para decirle "ya vine" y que ella me diga "qué bueno, ¿cómo te fue?" es algo muy duro. Nunca me imaginé cuánto.
Esta es la razón por la cual hoy siento una doble congoja: la nueva casa, en la que el estandarte de mi día color uva sigue izado en lo más alto, está muy sola...
Únicamente los retratos estan ahí para decirles -no sin una sensación de rayar en la locura- "ya vine" o "ya me voy y al rato regreso".
jueves, 5 de mayo de 2011
Repositorio de palabras
Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando Ella y yo comenzábamos a construir lo nuestro, íbamos a bordo del auto y ella me pidió que le contara una historia (es algo que solía hacer al principio: pedir). Quería que la narración fuera de algo fantástico, irreal, pero al mismo tiempo interesante. Se me ocurrió la historia del "Repositorio de palabras", es decir, la existencia de un lugar remoto a donde fuera a parar todo lo dicho en algún momento.
La idea era fascinante -según coincidimos los dos- pues se refería a la posibilidad de que todas las cosas que son dichas permanecen en ese caracter por siempre: dichas; no es posible cambiar su estatus y no andan flotando por ahí en el aire, sino que van todas a parar a un sólo sitio. Ahí estarían conviviendo cantidades inimaginables de eventos lingüísticos; y si existiera la posibilidad de que alguien administrara eso ¿qué podríamos pedirle? Exacto, como a un biblotecario al que le pedimos cierta obra ¿qué le pediríamos a este administrador del depósito de las cosas dichas? Esa era la "gran pregunta" Y creo que a Ella la historia que le conté le gustó y hasta se debe haber puesto a pensar qué cosas podría recuperar de ese repositorio de palabras.
La idea era fascinante -según coincidimos los dos- pues se refería a la posibilidad de que todas las cosas que son dichas permanecen en ese caracter por siempre: dichas; no es posible cambiar su estatus y no andan flotando por ahí en el aire, sino que van todas a parar a un sólo sitio. Ahí estarían conviviendo cantidades inimaginables de eventos lingüísticos; y si existiera la posibilidad de que alguien administrara eso ¿qué podríamos pedirle? Exacto, como a un biblotecario al que le pedimos cierta obra ¿qué le pediríamos a este administrador del depósito de las cosas dichas? Esa era la "gran pregunta" Y creo que a Ella la historia que le conté le gustó y hasta se debe haber puesto a pensar qué cosas podría recuperar de ese repositorio de palabras.
Ahora yo le añado otra interrogante ¿Y como para qué? Es decir, como para qué puede servir la recuperación de algo dicho hace mucho tiempo. Sólo se me ocurre una cosa: cuando los ojos cambian de dirección las palabras también son otras; si quieres saber lo que miraba una persona, escucha lo que dijo en su momento.
martes, 3 de mayo de 2011
Las palomas y yo
En las últimas semanas he tenido algunos problemas con las palomas. Sí, con esas que habían tomado por asalto la casa, llenando todo de suciedad y acatarrando con sus graznidos.
OK, a decir verdad ellas ya estaban ahí cuando yo llegué, así que de alguna manera la cuestión se resolvía en una especie de desafío: ellas o yo. Bueno, al menos así es como lo ví desde el principio. Me dí a la tarea, entonces, de ir reduciendo poco a poco los espacios para ellas, sin embargo cada que yo les cerraba uno ellas daban con otro en el que pudieran estar. Pero el fin de semana las ví realmente confundidas. Y ahora que lo pienso estábamos igual: las palomas porque no daban crédito a que ya no tenían su espacio; y yo porque Ella me había cerrado también todo resquicio.
El domingo, cuando obscurecía y yo iba a verla a Ella, observé a las palomas que se encontraban justo en la barda de enfrente; miraban incrédulas cómo se habían quedado sin ventanas para dormir. Ya era casi de noche y ellas no sabían a dónde ir, qué hacer o cómo resolver la cuestión. La resignación que mostraban era casi de un mártir. Cuando volví a casa con el rabo entre las patas como un perro terriblemente zamarreado, ellas ya no estaban; sabrá Dios a dónde se irían; algún albergue habrán encontrado; sólo algunas de ellas se dan sus vueltas a lo largo del día como para ver si las cosas siguen igual.
Paradógico ¿no? ¿Por qué el ser humano sigue ahí aún cuando los espacios se le han cerrado? ¿Por qué el empecinamiento? ¿Por qué no sólo volamos a otro lugar y nos adaptamos como esas palomas que yo corri? Yo creo que es la Esperanza, que además siempre tiene algo de soberbia y egoismo: deseamos algo y creemos que debe ocurrir, pero sólo porque nosotros lo queremos; nada más humano que esa actitud. De ello está hecha la esperanza y sin embargo se nos olvida que no somos el centro del universo, que las fuerzas que éste tiene poseen su propia dinámica, su propio ritmo, su lógica, la cual no necesariamente toma en cuenta a cada uno de nosotros y sus deseos. Pero ¿qué le vamos a hacer?, somos humanos y lo nuestro es la Esperanza. Pero yo la quisiera compartida, así le quitamos un poco lo egoísta al asunto y quién sabe... ¿no?
Yo aún la tengo.
lunes, 2 de mayo de 2011
No bastaron 60 días
Y nuevamente aquí estoy.
Parece que 60 días no bastaron.
Quizá 60 lunas no hayan sido suficientes.
Seguro estoy que 60 semanas, 60 meses o 60 años no bastarían nunca.
Con ella nunca nada será suficiente.
Todo es ella; ella es todo; y aún así no es suficiente.
Nunca bastará lo que diga o haga.
No estaré satisfecho con todo.
Ella lo merece; eso y más; por ello nunca nada será suficiente.
Nunca, nada.
Y aquí estaremos día tras día, semana a semana...
Mientras haya tiempo, mientras haya vida...
Parece que 60 días no bastaron.
Quizá 60 lunas no hayan sido suficientes.
Seguro estoy que 60 semanas, 60 meses o 60 años no bastarían nunca.
Con ella nunca nada será suficiente.
Todo es ella; ella es todo; y aún así no es suficiente.
Nunca bastará lo que diga o haga.
No estaré satisfecho con todo.
Ella lo merece; eso y más; por ello nunca nada será suficiente.
Nunca, nada.
Y aquí estaremos día tras día, semana a semana...
Mientras haya tiempo, mientras haya vida...
sábado, 9 de abril de 2011
Mi vida ha cambiado
Las palabras no me alcanzan para explicar lo que ahora tengo, lo que ahora siento, lo que espero, lo que me arroba. Esta última semana no he escrito apenas nada, porque estaba buscando la manera de expresar fielmente lo que experimenté desde el domingo.
No conseguí cuajar ninguna fórmula que traduzca mis sentir. Por ello me apoyaré en la manera como lo dice la canción de Fito:
"Tu amor cambio mi vida como un rayo para siempre, para lo que fue y será"
Este espacio ha servido para expresar algunos de mis temores, de mis dolores, de mis sufrimientos. Pero no se trataba en principio de hacer sólo eso. Yo buscaba la catársis en la espera del reencuentro y finalmente éste se ha dado el domingo.
Imaginé que ella estaría contenta con mi propuesta de reencauzar lo nuestro. Lo deseaba. Y parece que resulta cierto: para que las cosas ocurran primero hay que creerlas. Yo me empeñé en brindarle a Ella un motivo que le devolviera la creencia en que el amor entre nosotros es real y tiene futuro. No le veía esa humedad en los ojos desde hace tiempo, no le notaba ese color en el rostro desde hace un rato, no recuerdo desde cuándo no sentía sus brazos tan aferrados a mi.
Estoy tan orgulloso de quererla, de que me quiera, que me siento pequeño al lado del inmenso amor que ha renacido entre nosotros.
Ella me ha empujado a los límites y yo llegué hasta ahí, hasta el borde para, entre trastabilleos, levantar la mirada y edificar desde los linderos un puente que llegara hasta su orilla.
Hoy tenemos un espacio, un lugar donde ubicar nuestro estandarte, simbolizado en mi día color uva. Ella sabe bien de qué se trata.
Así es, Ella cambió mi vida como un rayo para siempre...
No conseguí cuajar ninguna fórmula que traduzca mis sentir. Por ello me apoyaré en la manera como lo dice la canción de Fito:
"Tu amor cambio mi vida como un rayo para siempre, para lo que fue y será"
Este espacio ha servido para expresar algunos de mis temores, de mis dolores, de mis sufrimientos. Pero no se trataba en principio de hacer sólo eso. Yo buscaba la catársis en la espera del reencuentro y finalmente éste se ha dado el domingo.
Imaginé que ella estaría contenta con mi propuesta de reencauzar lo nuestro. Lo deseaba. Y parece que resulta cierto: para que las cosas ocurran primero hay que creerlas. Yo me empeñé en brindarle a Ella un motivo que le devolviera la creencia en que el amor entre nosotros es real y tiene futuro. No le veía esa humedad en los ojos desde hace tiempo, no le notaba ese color en el rostro desde hace un rato, no recuerdo desde cuándo no sentía sus brazos tan aferrados a mi.
Estoy tan orgulloso de quererla, de que me quiera, que me siento pequeño al lado del inmenso amor que ha renacido entre nosotros.
Ella me ha empujado a los límites y yo llegué hasta ahí, hasta el borde para, entre trastabilleos, levantar la mirada y edificar desde los linderos un puente que llegara hasta su orilla.
Hoy tenemos un espacio, un lugar donde ubicar nuestro estandarte, simbolizado en mi día color uva. Ella sabe bien de qué se trata.
Así es, Ella cambió mi vida como un rayo para siempre...
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