miércoles, 30 de marzo de 2011

Ilumina mi vida

Cuando uno ve con claridad las cosas que están en derredor es porque le asiste la luz que se lo permite.
La luz es una energía; la luz puede hacernos mover, puede hacernos crecer y puede hacernos creer.
Esto lo comprobé el domingo, cuando al mirarla después de tantos días me deslumbre y lo único que pude decirle en ese instante fue “qué hermosa estás”. Ella me abrazó y regaló un amoroso beso en los labios; y entonces la luz penetró en mí y me renovó la fe en nuestro amor.
Más tarde, sentados los dos en la banca de un parque me dijo que me amaba y con ello volvió a hacer posible ese milagro: iluminarme la vida. Esa es la forma en que puedo definir lo que siento cuando ella me dice que está feliz conmigo y que me quiere: luz, luz en mi vida. ¿Qué más puedo pedir? Nada, sólo puedo dar: compartir un poco de esa magia.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Qué hacer?

Los días no regresan, pero tampoco se van por segunda ocasión. Lo que ocurre hoy ya no podrá tener lugar nuevamente; sin embargo lo que se nos queda de cada uno de esos días nadie nos lo puede quitar.
Las oportunidades son así también: la que hoy tenemos no es seguro que esté mañana.




Ella es como Amélie, no se atreve a enfrentarse a la realidad; es algo que no quiere hacer y está bien. Ya lo dije en otra entrega: imaginar es lo que nos hace humanos. Si somos capaces de soñar, de construir nuestros mundos que son mejores que el real, ello nos sirve para ser también mejores nosotros.


Así como Amélie queire prolongar su fantasía y luego se ve en la encrucijada de tomar la oportunidad cuando puede hacerlo, Ella tendrá -eso espero- que decidirse tarde o temprano antes de que su corazón se petrifique.
Dios quiera esté yo ahí en su decisión, pues tengo aún tanto por darle...

viernes, 25 de marzo de 2011

Me está haciendo pagar

Trataré de decirlo con la mayor sencillez de que soy capaz: Ella llegó a mí cuando más necesitaba de sentirme querido. Llegó y me dijo que me quería, entonces yo lo creí y empecé a construir una imagen suya de la que me enamoré. Pero cometí un error: no le brindé cariño cuando ella me ofreció el suyo; sólo le hice una promesa de que con el tiempo podríamos ser novios. 
Yo creo que en ese momento hice lo correcto para no engañarla ni defraudarla; pero ahora pienso que esa actitud de mi parte la decepcionó. Ella no esperaba esa respuesta y lo que hace cada vez que puede es recordarlo para repetirse a sí misma que no puede confiar en mí, pues no estuve ahí cuando ella quería que estuviera.
En buena medida pienso que hoy dice que ya no quiere verme para hacerme pagar lo que ella sintió cuando yo le dije “aguarda”. Yo sé que es así y aunque no quiera reconocerlo a eso se debe que diga que “no me tiene confianza”.
Dios sabe que la amo, mi familia y la suya saben que la amo, Ella sabe que la amo, yo sé que la amo. Entonces, no tengo duda alguna y eso me fortalece.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ella bien lo vale

Lo recuerdo muy bien aunque no lo comprendo tanto: había trascurrido apenas un tercio del año anterior y Ella me reprochaba que yo “la dejara tan libre”. Era su manera de expresar que sentía como que yo no estaba tan presente en su vida. Me pedía que “la viviera un poco más”, que estuviera ahí, robándole momentos, acaparando su atención y su tiempo. A partir de entonces intenté hacerlo, estar presente siempre, cada día, a través de una llamada, de un correo, visitándola, llevándola, trayéndola, invitándola, compartiéndole, etc. Pero escasos nueve meses después ella me estaba pidiendo espacio. Ahora sus palabras eran: “necesito hacer cosas yo sola, quiero que dejemos de vernos un tiempo”.
¿Qué pensar al respecto? ¿Por qué ha de ser tan complicado el amor? ¿De verdad eso es necesario? ¿He hecho las cosas tan mal para obtener estos resultados? ¿Será que las cosas no son lo que parecen ni todo debe entenderse al pie de la letra? ¿Es cierto que para ver la rosa hay que mirar sus espinas? ¿Un camino fácil no conduce a ningún lugar agradable? No tengo tantas respuestas. Sólo tengo la certeza de que la amo, de que esos vaivenes no son más fuertes que yo ni quebrantarán mis sentimientos.
Estoy dispuesto a enfrentar lo que venga. Ella bien lo vale.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Ella es mi destino y yo el suyo

Veámoslo fríamente: ¿Cuáles eran las posibilidades de que ella y yo nos conociéramos? En realidad muy pocas, casi nulas; en una ciudad con medio millón de habitantes, sin que ella y yo frecuentáramos lugares en común por diversión o afición, sin que viviéramos en el mismo vecindario, separándonos 14 de años de edad, sin tener una profesión similar, sin que nuestras familias se hubieran conocido siquiera… Y nosotros nos conocimos en una institución a la que llegué por accidente, en la que nunca en mi vida imaginé estar.
¿Qué hizo, pues, que nos conociéramos? Debe ser una especie de sincronía del destino: la suma de muchísimos pequeños detalles, decisiones, circunstancias eventos, que de no haberse encadenado, no hubieran generado la coyuntura en la que coincidimos en tiempo y espacio ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera conocido a la persona que me presentó al amigo que algún día consiguió casarse con quien estuvo en la necesidad de que alguien impartiera un curso en la Facultad en donde ella fungía como funcionaria? ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera aceptado dar ese curso, porque hasta unos días antes de que me lo ofrecieran yo estaba trabajando en una Institución en la que no me quedaba tiempo para la docencia? ¿Por qué razón después de dar ese primer curso seguí ahí el tiempo suficiente hasta que ella llegó? ¿Cómo ocurrió todo? ¿Por qué?
Debe haber una forma de explicarlo, pero yo no la tengo. Sólo puedo atribuirlo al destino. Si alguien escribe esas historias a las que llamamos nuestro destino, pues seguro hizo que las cosas concurrieran hasta llegar al punto en el que ella y yo, sentados a la mesa de un restaurante, nos confesamos hace casi tres años que nos atraíamos, que nos interesaba cultivar una relación que desembocó en este desenfrenado amor que hoy siento por ella.
¿Es la vida una especie de capricho de alguien para que las cosas ocurran de un cierto modo?
O, al contrario, ¿todo es una especie de casualidad en la que el azar nos hace presa de eventualidades que nosotros nos empeñamos en pensar como predispuestas?
Yo quiero creer que sí existe un plan para nosotros, que estamos predestinados a hacer una vida juntos, que yo esperé todos estos años para unir mi vida a Ella, no por voluntad, sino por destino.
Ella es mi destino y yo el suyo. Eso creo y eso quiero.

domingo, 20 de marzo de 2011

Sí hay quien escuche

¿Cuándo comencé a serlo? No lo sé. Pero sí puedo explicar la manera en que me he confirmado como un hombre de fe. Anoche, bueno más bien hacia la madrugada de este día, me desperté en medio de una ya muy frecuente inquietud en mi ser. Es como si de pronto ya no necesitara dormir aun cuando no me sobre el sueño. Es una sensación de no estar satisfecho por lo pernoctado, pero ya tampoco querer hundirme en la inconsciencia. Lo que he estado haciendo últimamente, cada vez que esto pasa, es ponerme a pensar en Ella, a escuchar un poco de música que evoque mis agravios y a dar vueltas y vueltas en la cama.
Pero hoy recordé una práctica que ha probado dar calma en otras ocasiones: rezar. Pronuncié las oraciones que conozco y que, a veces, a fuerza de repetirlas parecen mero formulismo ceremonioso venido desde la más influenciable niñez. Pero también hablé, pedí, supliqué. Estando ahí, solo en la casa, en mi cama, en medio de este cuarto que me recuerda quién soy y lo que tengo, no tuve reparo alguno en dirigirme a Dios. Entre parabienes dirigidos a mis seres queridos, le pedí que la iluminara a Ella y que a mí me mostrara que no estoy solo. Después de esto, a pesar de que era domingo y no debía levantarme temprano para repetir mis rutinas, ya no me dormí, abrí la computadora, me puse a navegar y a pensar en Ella, a buscar mecanismos que me proporcionen un salvavidas para mi aparente naufragio…
Sólo habían pasado unas cuantas horas de esto cuando mi teléfono sonó, inusualmente para ser un domingo por la mañana. Una operadora me dijo al otro lado de la bocina que me llamaban desde la Ciudad de México, que si aceptaba la llamada. Contrariado con esta eventualidad, le pregunté quién trataba de hablar conmigo y me dijo su nombre; sí, era Ella. Después de una semana sin señal ninguna, después de una tan fría como frustrante despedida de la semana anterior, estaba ahí, hablándome con una pureza emotiva que me estremeció por completo. Pude saber que estaba bien, que había estado pensando en mí desde hacía un rato y por eso se decidió a llamarme. También puede decirle que la amo, que me ilumina la vida sólo escucharla y, por si esto fuera poco, conseguí que me dijera que me ama…
Si esto no fue una acción divina, no tengo forma de explicarlo con suficiencia. Yo soy alguien que se gana la vida predicando procederes científicos y dirigiendo pesquisas en busca de verdades de toda índole, pero la que tenía enfrente de mi ahora es una verdad para la que no encuentro otra explicación que decir: sí hay quien escuche nuestras peticiones. Sí hay a quien pedir y hay razones para tener Fe. Yo hoy la tengo…
Gracias.

sábado, 19 de marzo de 2011

Necesito creer

Creer: tener por cierto algo que no está comprobado o demostrado.
Hoy creo en sus palabras, en todas y cada una de ellas. Me hace falta creer; necesito esperanza. No quiero una añoranza perenne; no lo necesito. Quiero creer que Dios la puso en mi camino y por eso debo amarla, porque Dios sabe más que yo y hay razones por las cuales Ella vino a mi. Esa es la verdad, quiero tener esa verdad, quiero creer en Ella. Si acaso hoy me toca derramar algunas lágrimas, deseo que ellas encuentren tierra fértil en su corazón y éste deje de ser árido, volviendo a florecer para mi.

viernes, 18 de marzo de 2011

Esa es mi historia de nosotros

Quizá producto de nuestra forma de ver la realidad, pensamos las cosas en términos de historias: cuál es la historia de una ciudad, de un prócer, de un animal, de un logro, etc. Pareciera que eso de que haya una historia sobre algo le da el sentido. Entonces me pregunto ¿cuál es la historia entre Ella y yo? ¿Hay una historia? ¿Recuerdo la misma tal como ocurrió o la he armado tal como yo la viví?
Un poco eso se produce cuando nos damos la oportunidad de contar historias: le decimos a alguien “¿ya supiste lo que paso con…?” y eso nos conduce a “contar la historia de”, sólo que es eso un producto de nuestra forma de imaginar, de pensar, de estructurar nuestras imágenes mentales.
Mi imagen, mi historia de nosotros, de Ella y yo, la puedo resumir en esto: me dijo que me quería, me indujo a quererla, nos quisimos y ahora dice que no me quiere. Esa es la trama central; claro que cada uno de los elementos es amplio campo para sembrar imágenes bellas, pensamientos bucólicos, momentos placenteros, circunstancias deliciosas, sitios maravillosos, etc. Así es como armo mi historia con Ella; pero el hecho irrefutable es que el punto en el que ahora se encuentra es el de que ha dicho que no me quiere, al menos como llegó a quererme.
¿Qué pongo en esa historia? Yo no quiero poner un final, tampoco cosas tristes, infaustas o desagradables. No quiero, me resisto a ello. Y si construir la historia de algo es el último recurso que nos queda para apropiarnos de la vida del modo en que queremos vivirla, mi historia con ella sigue siendo la de la mujer a la que amo, y está llena de los detalles de cómo llegué a amarla, de cómo fui correspondido, de lo mucho que tuve, de lo que sigo obteniendo, de lo que sigo queriendo ofrecerle. Esa es la historia con la que me quedo y nadie me la puede quitar, ni Ella misma.

jueves, 17 de marzo de 2011

Desangelado

En otras condiciones, lo que he realizado el día de hoy sería motivo de gran ánimo. Sin embargo, es claro que las cosas dejan de tener sentido sin Ella. Aquello que venía “cocinando” a lo largo de los últimos días finalmente se está consumando y yo sigo desangelado. Y es que Ella es mi ángel.
Lo peor de todo es que ni siquiera me siento con los arrestos suficientes para llamarla y decirle lo que he conseguido. No después de cómo nos despedimos la última vez.
Parece el mío un eterno lamento, pero no quiero que sea así. Me jugaré mis últimas cartas dentro de dos semanas. Ella tiene que definirse, porque al menos yo no puedo vivir en este impasse, en esta medianía, en esta mediocridad. No. No puedo.

martes, 15 de marzo de 2011

Algo grande

Estoy “cocinando” algo grande. No tan grande como nuestro amor, pero es importante, o al menos espero que termine abonando para que Ella reconsidere la situación actual. No puedo dar más detalles, las siguientes cuarenta y ocho horas serán cruciales. Insha'Allah


sábado, 12 de marzo de 2011

Cumpleaños triste

Verdaderamente no quisiera escribir, porque estoy profundamente triste. Yo tenía serias esperanzas de que hoy Ella mostrara que de verdad me ama, pero no fue lo que esperaba…
Hoy fue mi cumpleaños y fue muy triste. Sin Ella nada es igual. No pude llorar durante el día, porque varias personas me felicitaron, regalaron cosas, me abrazaron, me besaron y mostraron que me tienen presente. Yo no podía llorar aunque tenía tantas ganas de hacerlo, pues Ella nunca se apareció para regalarme su presencia, siquiera por ser la fecha que era…
Llamó ya avanzada la tarde, me deseó feliz cumpleaños a sabiendas de que no puede ser, pues si no está conmigo nada se aproxima siquiera a la felicidad. Despreció mi invitación a compartir con mi familia una pequeña celebración por el onomástico.
No quisiera escribir porque estoy muy triste, o más bien no quisiera estar triste o tener que escribir sobre ello. No lo acepto como algo justo. No creo merecerlo, pero es lo que tengo: un cumpleaños solo, solo, solo, sin Ella, profundamente triste.


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Pablo Neruda

viernes, 11 de marzo de 2011

Mi ventana abierta

Por si acaso fuera cierto que dejando la ventana abierta puede escaparse por ahí el tiempo sin verte, hoy dejé de par en par la de mi cuarto.

Ojalá se esparza muy pronto ese tiempo de tu ausencia, porque me avería los ojos, que se marchitan sin verte; menoscaba mis fuerzas, que sólo están dispuestas a abrazarte; hieren mis labios, que tienen sed de los tuyos; y estropean mis manos, que se inquietan sin acariciarte.
La armonía de mi mundo está anclada a ti. Te amo.

¿Ella me ama?

¿Me ama? Me lo ha dicho, sí; muchas veces. Sin embargo, en el amor es difícil llegar a la certeza absoluta, irrebatible y contundente. Uno lo que hace es imaginar que así ocurre, uniendo pequeños detalles, indicios, señales, pistas, elementos que nos ayudan a creer que alguien nos ama.
Ella me besa una y otra y otra vez, entonces yo deduzco que le gusto;
Ella me escribe diciendo cosas hermosas y anunciando un paraíso venidero, así que yo siento que piensa en un futuro conmigo;
Ella me abraza y la siento como parte de mi ser, de modo que sueño una vida juntos;
Ella me llama para preguntar cómo estoy y desearme fuerza y alegría, por lo cual fantaseo que se preocupa por mí;
Ella me cuida en mis horas aciagas y yo colijo que me quiere;
Ella me brinda su ser, permitiendo que lo recorra palmo a palmo, fundiendo nuestros cuerpos en una unión maravillosa, lo cual me lleva a sentir que nacimos el uno para el otro.
Como puede verse, yo sé que me ama, porque a falta de la prueba contundente que el amor nunca da, solemos permitirle a la fantasía completar el todo a partir de pequeñas partes.


miércoles, 9 de marzo de 2011

El virus de su juventud

Ella es muy joven; como tal se encuentra aún “infectada” por el virus de la juventud: la propensión a los impulsos, a los deseos, pero también a la inconstancia en ellos.  
Me declaró su amor un buen día asegurando: “Yo siempre hago las cosas porque las siento… Además siempre lo hago sin esperar algo a cambio.” Eso seguramente explica porqué al inicio de esta semana, después de tan aciagos días de árida distancia para conmigo, me escribió diciendo “Te Amo Mucho. Pase lo que pase, no dudes de esto. Sólo que necesito un poco de tu ayuda para sentirme plena. Te deseo una muy buena semana, mi amor.”
¡Hace tanto que no me llamaba así –mi amor- que me siento extraño, nuevo o quizá renovado. Quiero creer que en realidad me ama, que lo nuestro tiene futuro, que sí desea compartir la vida conmigo, que no me dejará.
No quiero pensar en que se trata de uno de esos arrebatos fugaces propios del mencionado “virus juvenil”. Yo la amo como nunca he amado a nadie, siento una profunda necesidad de ella, me pone realmente mal el no verla, ha conseguido abatir mi ánimo con este castigo que está ya a punto de cumplir su cuarta semana.
Ojalá termine pronto todo este entuerto. Insha'Allah

martes, 8 de marzo de 2011

Ella no ríe mucho

Ella no es alguien que ría profusamente. Existen personas que llevan a flor de labios la risa, ríen a la menor provocación y hasta sin ella. De entre ese tipo de personas, algunas hacen de la risa su principal herramienta de relación con los demás y está bien, sólo que de pronto es difícil distinguir las variaciones en su estado de ánimo. Hay otras personas que terminan por convertir a la risa en su principal enemigo, pues ríen de manera grotesca ante situaciones no risibles.
Ella, no ríe profusamente. Nada menos hoy miraba las fotos que tengo de ella y en casi ninguna sonríe. Cual Gioconda, esboza un gesto indefinible en casi todas ellas. Pero yo, que he tenido la oportunidad de verla reír, muchas veces sólo para mí, puedo decir que en ella la risa es potente luz que encandila, que seduce; es magia que encanta y contagia. Ella no ríe profusamente, ríe profundamente. Por eso la amo.



domingo, 6 de marzo de 2011

El día que amanecí con Ella

Es curioso: resultan extraordinarias las veces en que alguien se olvida de su nombre, pero es más raro todavía que una persona recuerde con precisión cuándo comenzó a sabérselo. Del mismo modo, yo nunca olvidaré la primera ocasión que amanecí con Ella, aunque no pueda señalar con precisión cuándo comencé a amarla.
Ambas cosas son así: de pronto uno ya tiene incrustadas en la mente esa seguidilla de sonidos que me identifican como José, Luis, o lo que sea, pero quién sabe cómo se metieron ahí y desde qué momento.
Así, ella se metió algún día hasta la médula de mis huesos y, de pronto, una mañana estaba yo ahí, cubriéndola con mis brazos, piel a piel, respirando apenas encima de sus tersos hombros, mis ojos miopes alcanzaban a ver con claridad esos adictivos tres lunares que tiene justo entre la nuca y el inicio de su espalda.
Estaba ahí, desperté y ya no era el mismo, se habían ido la inseguridad, la desesperanza, el temor, la incertidumbre. Aparecieron, en cambio, la sujeción, la vulnerabilidad, el arrobamiento. Ella no se iría jamás de mi ser. Lo supe y me preocupé, porque del mismo modo que si olvidara cómo me llamo, estaría perdido; si ella se fuera me quedaría en una profunda orfandad de la que no tengo certeza de si podría salir. Fui tan feliz ese amanecer que no lo olvidaré jamás y la amo tan profundamente que no sé desde cuándo, ni cómo, ni hasta dónde.

viernes, 4 de marzo de 2011

Mi gran tema con ella

Y el gran tema conmigo es que estando a su lado he llegado a ser una de las mejores versiones de mí mismo que recuerde.
Pero ahí está el problema: que hoy sólo ella me hace posible de ese modo; es decir, sin ella no me encuentro ni siquiera estando cerca de esa versión que incluso para mí resulta extraña.
No me conocía siendo como soy cuando la amo.
Yo nunca antes había sentido esa paz vigorosa, esa energía enternecedora, esa sensatez arrebatadora, ese ímpetu tranquilizante, ese candor atrevido.
Yo nunca antes había sido así, pero cuando lo logré ella se aleja y me deja sin posibilidad de acercarme a mí mismo.
¿Paradójico? Pues, no. Esa es la gran cuestión de estar enamorado, ponerse en manos de alguien más. 
Sigo en tus manos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Debemos imaginar para crecer

El gran tema con Ella es el de la paciencia. Para mí eso es un problema porque su forma de entender las cosas es: “lo quiero ahora y si no, ya no”. ¿Es ésta una forma adecuada de buscar la obtención de algo? Yo pienso que no y quisiera explicarlo: Uno no puede esperar que todo esté dispuesto para ser tomado en el momento que uno quiera, si fuera así, estaríamos anulando de antemano nuestra capacidad de hacer. Si todo nos fuera proporcionado al instante y sin alternativa, quedaríamos reducidos a una expresión mínima de lo humano. A mi modo de ver las cosas, lo humano está encerrado en  la posibilidad de imaginar: el ser humano ensaya la realidad en su mente, ahí la recrea, la representa, la construye, la enriquece, la hace suya, se crea a sí mismo, se da unas dimensiones que la naturaleza no le proporcionó, se crea un mundo más vivible. Todo ello lo hace gracias a la imaginación. Creamos lo ficticio para hacer más llevadera la vida; de este modo las cosas no ocurren de manera inmediata, sino mediata: no es “ahora y así como está”, sino que puede ser “mañana, de una mejor manera”.
La imaginación nos provee la fabulosa posibilidad de vivir las vidas que queremos vivir, aunque sólo tengamos una sola. Ahora que, si se somete a la imaginación, si se le aniquila, aplasta o anula, la vida puede llegar a ser un infierno de monotonía. Pero las ficciones que nos inventamos deben servir para conducir nuestro actuar, no para condicionarlo. El hombre se inventa mundos mejores con la imaginación, pero no para engañarse y terminar esclavo o fanático de su propia invención, sino para tomar mejores decisiones: no se inventó la patria para combatir a los apátridas, sino para aquilatar cuanto nos ha dado el terruño donde vivieron y soñaron nuestros abuelos; no se inventó el derecho para codificar las conductas, sino para defender la libertad; no se inventó la música para acallar la palabra, sino para dar voz al espíritu. Vaya, lo que quiero decir es que no debemos invocar al amor para reprobar una acción de aquel a quien decimos amar, sino para actuar mejor nosotros.
Si ella me dice que me ama, provoca que yo sonría: amanece y sonrío, sonrío en el trabajo, en la calle, frente al volante, ante la señora que despacha en la tienda y el que barre la calle. Para eso me sirve el amor, para pensar en ella y brindarle mis esfuerzos en la oficina, al lavar la ropa, fregar los trastes o aspirar la alfombra. No uso al amor para exigirle que me dedique todo su tiempo, o enojarme si hoy no está de buenas. Yo creo en su amor y eso me ayuda a no reñir con los demás, a hacer un favor a quien lo necesita, a no mentir, a no dañar a nadie. Su amor es amalgama que me hace mejor persona, no requisito que deba cumplir.
Yo creo en que ella me ama y ese es mi escudo contra la soledad, me da esa apacible tranquilidad de saber que todos mis actos tienen sentido, pues siempre hay alguien que puede apreciarlos. Yo la amo, y es mi amor una invitación a que juntos construyamos una vida mejor para los dos; imaginándola y creándola al tiempo que nos re-creamos a nosotros mismos en nombre de nuestro amor: extraordinaria y dulce invención que potencia y no reduce.

martes, 1 de marzo de 2011

A punto del naufragio

Nadie puede vivir sin amarras. Así es: todos necesitamos estar asidos a un puerto, de lo contrario terminaríamos viendo cómo la vida se disuelve en un torbellino incontrolable que nos hace zozobrar. La diferencia entre unas personas y otras es la solidez de los lazos con que realiza sus amarras. Cada uno teje sus cuerdas con fibras a las que deposita toda su confianza. Pero nada es para siempre y hasta las cuerdas más sólidas pueden reventarse.

Hoy siento que mi vida pende de cuerdas muy delgadas. Aquellas que yo sentía como más sólidas han terminado por ceder con el paso del tiempo. Por inercia sigo en la misma ruta, más con la idea de seguir teniendo un puerto que con un cabo verdadero.
Hay un faro que me indica hacia dónde debo dirigirme: es Ella. Pero ese faro empieza a desvanecerse entre penumbra. Siento que voy a extraviarme sin ella. Sin amarras, sin puerto, sin faro, sin cuerda, sin cabo del que valerme siento que estoy a la orilla de ese temible torbellino. Hay noches en que me siento realmente extraviado, luego llega el día y sigo en la brega porque parezco conocer la ruta, pero de pronto me detengo, levanto la vista y no la miro. Es entonces que siento este extravío, que me estremece.
No me dejes, naufragar, por favor.