Pienso que la soledad tiene dos modos de existir: como circunstancia y otro como sensación. En ambos casos es algo relativo, aunque en la primera puede ser más bien vista como un hecho y en la otra como una sensación. Me trataré de explicar.
En lo que hace a la primera (“estar solo”) se trata de un hecho comprobable en diferentes momentos y condiciones: uno está solo, por ejemplo, cuando en una habitación no hay nadie más. Puede que en la misma casa haya otras personas, pero esa persona se encuentra sola bajo la circunstancia de que no hay nadie más que lo pueda ver o escuchar -a menos que grite. Si eso lo vemos en una escala progresiva o regresiva se pueden encontrar circunstancias de soledad relativa. Es decir, uno puede estar solo en una casa, pero si esa casa está en una ciudad, pues cerca siempre hay personas; y así esté solo en una isla, en el resto del mundo hay personas y su soledad sigue siendo relativa. Y a la inversa: si uno puede presenciar un partido de basquetbol, de fútbol, de jockey o cualquier otro donde dos equipos tratan de obtener anotaciones eludiendo al enemigo, es muy fácil escuchar que un jugador (el cual se encuentra entremezclado con una o varias decenas más de elementos en un espacio perfectamente delimitado y uno los puede ver todos amontonados) diga “pásamela, estoy solo”. El se refiere a que a menos de uno o dos metros y por uno o dos segundos no hay nadie cerca y puede alcanzarle esa relativa soledad para conseguir una anotación sin que nadie del equipo rival se lo impida.
Bueno, esa es la soledad como circunstancia y a veces es momentánea, otras permanente; en ocasiones es algo que buscamos; otras nos pasa aunque uno no lo quiera. Casi todos siempre buscamos estar solos para ir al baño, para hablar por teléfono, para leer y concentrarse, para descansar... En fin, todas ellas son circunstancias en donde la soledad es lo normal. Si uno mira con detenimiento es socialmente aceptado ese tipo de soledades que los diseños arquitectónicos u operativos propician esas soledades: las cabinas telefónicas son para una sola persona, los baños lo mismo, los cajeros, las camas, etc. Ahí estar solo es lo que se precisa para hacer lo que tenemos que hacer.
Pero nuevamente es algo relativo y sujeto a la voluntad y necesidad de la gente, porque hay momentos en que uno vuelve esas circunstancias en una ocasión para intimar con alguien: dormir con la persona amada, bañarse juntos, ver o leer algo de manera compartida, etc. Ahí uno puede volver cada instante de los que precisan soledad la ocasión para experimentar una soledad compartida, suena contradictorio, pero así es: las parejas buscar “estar solos” para demostrarse cariño, para platicar, para declararse su amor, etc.
Bueno, pero dado que esas soledades son socialmente aceptadas, a veces necesarias y en muchas ocasiones voluntarias, no suele haber mucho problema en “estar solo”, porque –lo repito- es algo circunstancial y hasta sujeto a nuestra voluntad. Ahora que en el caso de la soledad como sensación es algo muy distinto y que se vuelve en algo socialmente no aceptado y que hasta se puede tachar de problema serio.
La soledad como sensación es algo que se experimenta en el fuero interno, en la mente o en el corazón. Una persona “se siente sola” cuando juzga que nadie más comparte sus emociones, sus problemas, sus inquietudes, sus anhelos, sus esperanzas. Esa soledad no se resuelve tan fácilmente como la otra, porque en ella no basta el reunirse con alguien más para dejar de estar solo. O sea, alguien puede estar en medio de una multitud y sentirse solo. Pero a la inversa, uno puede estar en una isla, a cientos de kilómetros de alguien más y no sentirse solo.
Pienso que esto ocurre porque la soledad que se siente se debe a que uno no tiene a nadie en su corazón o en su mente. También es algo relativo, puede ser momentáneo y sujeto a la voluntad. Si uno se niega a deja entrar a la gente puede “sentirse solo”, pero si lo hace, nunca experimentará ese sentimiento. Pero como la gente no puede entrar físicamente ahí (al corazón, a la mente) se trata de sentimientos: es en nuestro sentimiento donde uno realiza la operación de “estar con alguien”. O sea, hablamos de certezas, de recuerdos, de ideas, de ilusiones, de esperanzas, de convicciones, de decisiones, etc. Ninguna de ellas son cosas materiales, sino elementos intangibles que llenan nuestro corazón y nuestra mente. Alguien que tiene un bello recuerdo, que tiene ideas compartidas, que tiene ilusiones o esperanzas vinculadas con alguien más, no puede sentirse solo.
Así es: la convicción de que alguien más está a nuestro lado basta para no experimentar esa soledad. Claro que ello debe estar “retro-alimentado” de acompañamientos convertidos en hechos, porque de lo contrario la no-soledad en términos de sensaciones se puede convertir en un problema: si uno nada más vive de una ilusión y ella no se materializa, puede caer en estados patológicos, obsesivos o paranoides. Se dice que no es sano vivir únicamente de recuerdos, de ilusiones, de esperanzas; todo ello debe ir acompañado de hechos comprobables, tangibles, reales pues.
Entonces, la soledad como sensación puede dejar de existir cuando uno se alimenta de esas cosas intangibles y las refuerza una y otra vez con acompañamientos reales. Y a la inversa, se “siente la soledad” cuando uno no extrae o ya no puede extraer de esos momentos compartidos con sus semejantes cosas intangibles. En términos prácticos, si uno no tiene bellos recuerdos de lo vivido con la familia, pues ni eso podrá hacernos compañía en momentos en que haga falta. Igualmente, si uno no tiene la certeza de que alguien nos quiere, pues claro que nos sentiremos profundamente solos. Y lo mismo pasa cuando no estamos seguros de que los sueños compartidos puedan convertirse en realidades, porque ello forma un hueco en el alma y ahí es donde se siente la soledad.
Yo ya hace un rato que no me siento solo porque sé que me quieres. Puedo extrañarte, eso sí y mucho, pero basta con recordar que me has prometido quererme siempre y con pensar en que decidiste casarte conmigo, para no sentirme solo. Cuando estoy solo pienso mucho en ti y eso se debe a que no aguanto sentirme solo y recurro a mis bellos recuerdos junto a ti, a mis ilusiones contigo, a mi certeza de que me amas para aliviar esa sensación de inseguridad aunque siga estando solo.
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