En cierta oportunidad le decía a ella que hay mil formas de resolver un problema. Lo creía entonces y diría que lo sigo creyendo ahora. No obstante eso, me afecta el hecho de que estoy pensando demasiado en el problema y no tanto en las soluciones.
Ella me dijo: “Ya no estoy tan enamorada de ti”. ¡Vaya que ese es un problema! ¿Y las mil soluciones? No sé; no lo sé ahora. Me siguen afligiendo esas palabras hasta la obnubilación. Dos días después de sus fulminantes palabras, escuché su mágica voz al teléfono diciéndome: “sólo llamo para decirte cuánto te quiero”
¿Cuánto? –le pregunté.
Mucho, mucho. Te amo –me dijo.
Bella forma de iniciar el día, escuchando eso. Pero al anochecer mi emoción se había transformado y me atormentaba la idea de que ella estaba compadeciéndome. ¿Será acaso que esa repentina llamada era para demostrar que consideraba inmerecida la situación en que me había puesto? Si es así, no puedo dejar de sentirme culpable, pues me confirma que ella se identifica con esa terrible sensación que ahora yo siento, pero lo hace porque yo antes la he puesto en una similar. Ella hoy sufre en mí. Lo siento tanto…
Perdóname mi amor.
No llegaré al punto de compadecerme a mí mismo. Si bien todavía no tengo claras las mil soluciones al problema, sí tengo claro que compadecerme no lo es.http://www.youtube.com/watch?v=HTEKbkrpMgY
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