Las palabras son muy poderosas. Al menos lo son para mí. Cualquier poder no lo es tal sin alguien que lo reconozca. Yo asigno mucha importancia a las palabras y por eso me parecen muy poderosas. Una palabra puede cambiar mi estado de ánimo. Dos palabras podrían cambiar mi vida. Las siguientes palabras han sido mi motor a lo largo del último año. Ella las escribió en febrero de 2010; entonces me decía: “Amor mío, yo estoy y estaré junto a ti, como tu compañera del alma hoy y para siempre. Eres lo que más quiero en esta vida, contigo quiero pasar el resto de mi vida”. Recuerdo perfectamente cómo me estremecí al leerlas, porque yo pasaba por una de las pruebas más difíciles de mi vida. Lo recuerdo hoy y siguen siendo tan poderosas como antes, como ayer, como hace un año. No quiero dudar pensando que esas palabras estaban vacías. No, no quiero.

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