jueves, 9 de junio de 2011

Siembra y cosecha

Puesto, como estoy ahora, ante la paradógica necesidad de, a un mismo tiempo, enterrar la esperanza y levantar nuevos sueños, me pregunto: ¿Es esto posible?, ¿Cómo se hace?, ¿Qué resultaría?
Algunos buenos amigos y conocidos me han dicho que sí es posible y que sólo se necesita que yo quiera hacerlo, que tome la decisión. Pero sus respuestas se han constreñido a la presunta acción mecánica de enterrar y de edificar. Claro que ambas cosas son posibles, pero no me alcanzan a decir qué pasa cuando uno entierra la esperanza. ¿Se trata de un siembra o de un sepulcro? Yo creo que poner bajo tierra la esperanza no puede servir como un recurso efectivo para deshacerse de ella, pues su naturaleza productiva haría que al entrar en contacto con la tierra, sus humedades y nutrientes, termine por germinar y hasta florecer. 
¿ Y qué clase de flores surgirían sino aquellas hechas del corazón de la esperanza enterrada? Y es que si mi esperanza está cifrada en todo lo que Ella representa en mi vida; si la pongo bajo tierra y me dedico a construir nuevos sueños, ellos tarde o temprano se toparán con potentes raíces nacidas de la siembra y terminaré por contemplar las flores que nazcan haciendo rebrotar mi esperanza.

sábado, 4 de junio de 2011

El purgatorio de raspados

No sé, pero los días calurosos me recuerdan aquel episodio tan divertido cuando Ella tuvo el inoportuno antojo de un raspado y con ello mandó al purgatorio a un anónimo huichol que hasta hoy debe estar condenado a desear por siempre uno que apague su intenso calor, pero que nunca se le concede.
Nos reímos tanto y parloteamos en igual medida que hasta hoy, cuando lo evoco y escribo estas líneas, vuelvo a mirar la mano extendida del compa huichol pidiendo un raspado sin que le hagan caso, al tiempo que se arranca la camioneta en la que viajaba y se lleva consigo su insatisfecho antojo. Lo recuerdo y se me llena la cara de una risa que sólo puede tener como espejo aquellos hoyuelos en las mejillas de Ella que me siguen encantando hoy y siempre.
¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde tus risas? ¿Dónde tu alegría? ¿De tanta diversión que se fizo?

jueves, 2 de junio de 2011

Empapado

Ya es noche, llueve profusamente e inevitablemente la lluvia evoca aquel día en que Ella y yo nos mojamos más.
Sí, lo recuerdo bien, fue en Valle de Bravo y terminamos tan empapados que apenas y pudimos conservar la calma.
Como todo con Ella, es sencillamente inolvidable. No hace falta recordar los detalles; baste decir que tanta agua en tan poco tiempo sólo puede compararse con la oleada de emociones que Ella me despierta hasta ahora.
Ha sido tanto lo que me ha dado que me mantiene empapado. No quiero secarme; no, ¿para qué?…