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domingo, 27 de febrero de 2011

Paráfrasis de buen augurio

Suena el teléfono y mi pulso se acelera. Timbra una segunda vez y corro a contestar, pero no es ella. A lo largo de estos últimos diez días el teléfono repicó varias veces, pero en ninguna de todas era ella. Alteraciones en vano, falsas esperanzas, ilusiones apagadas.
Pero hoy volvió a sonar y era ella; sí, finalmente era ella. Su voz me cautiva desde que dice “hola”. Se escucha tranquila, quizá un poco fatigada. Pregunta cómo estoy y le respondo que feliz por escucharla. No concede ni un guiño a ese signo.
Platicamos de dos o tres bagatelas y le confieso lo mucho que la extraño, pero ella me espeta un “pues yo ya no”. Se me agolpa en la garganta un nudo de emociones, pero me contengo y le digo que me duele escuchar eso; ella se ríe y me dice con sorna más que con cariño que “no es cierto” que sí me extraña.
Le reitero que la amo con todas mis fuerzas y cada día más. Le vuelvo a decir que la extraño y ella sólo se despide. Le pido que no olvide que la amo. Se va. Cuelga, cuelgo y me quedo pensando ¿para qué llamó? Ojalá esta paráfrasis sea de buen augurio. Ojalá.